Hongos, los eternos incomprendidos

Ay, los hongos, mis pequeños incomprendidos. Hoy he venido aquí a intentar (y lograr) que los veas de otra forma, que te enamores de ellos o que, al menos, te resulten interesantes. Créeme que se les tiene muy infravalorados a estos pequeñines (incluso en las propias investigaciones científicas) pero, vaya, quizá te lleves unas cuantas sorpresas.

La definción formal de hongo es la siguiente:

Los hongos son organismos unicelulares o pluricelulares, que tienen nutrición heterótrofa (se alimentan de materia orgánica) y que reproducen por medio de esporas. Suelen presentar quitina en sus células, que aparece en animales, pero no en plantas, por lo que estarían más emparentados con los primeros.

Y ahora viene la mía:

LOS HONGOS SON INTERCOMUNICADORES ENTRE TODOS LOS REINOS HABIDOS Y POR HABER, EMISARIOS ENVIADOS POR GAIA PARA GARANTIZAR EL CIERRE DEL CICLO DE LA VIDA Y EL CORRECTO FUNCIONAMIENTO DE ÉSTE, EVITANDO EL FIN DEL MUNDO VIVO Y TODO LO QUE CONLLEVA.

Quizá… Quizá me haya pasado un pelín con la pasión. Sin embargo, más o menos he dejado claro el punto de vista que quería reflejar en conjunto con esta entrada. Según vayamos avanzando, es posible que lo entiendas y me des la razón entre alabanzas hacia mi humilde figura de berenjena o que, por el contrario, decidas que ha llegado la hora de cocinarme a la plancha y zamparme sin contemplaciones.

Ahora, antes de ir al meollo del asunto, me gustaría aclarar un par de cosillas que la gente suele confundir en relación a estos organismos.

1. Los mohos SON hongos. Ni son pelusilla, ni son polvo, ni son películas de bacterias. No son suciedad, no son organismos que contiene la naranja o el pan. Simplemente, las esporas se encuentran dispersas por el aire y cuando se encuentran con condiciones agradables (calor, humedad, alimento en abundancia, etc), germinan y producen el micelio (es una especie de tela de araña, no de las simétricas, de las otras. Sí, hombre sí, las otras… MIRA, QUE ABAJO TE HE PUESTO UNA IMAGEN Y YA ESTÁ). Más adelante te hablaré mejor de los mohos presentes en alimentos.

Micelio, formado por hifas.

2. Las setas, querido, NO se llaman hongos. Es muy común llamar a estos sombreritos y casitas de gnomos por este nombre, y no. Que no. QUE TE DIGO QUE NO. El hongo está compuesto por el micelio, que crece bajo tierra, y el cuerpo fructífero donde se encuentran las esporas: las setas. Así que si vas al mercado a comprar “hongos”, te los compras enteritos o no te los compras, ¿entendido? O llama a las setas por su nombre, cagüentó’.

Una vez entendidos estos detallines, voy a proceder a contarte por qué estoy tan enamorada de estos fúngicos compañeros de viaje.

Micorrizas

Ay.

Sí, cuando me preguntan por la micorrizas o simplemente pienso en ellas, eso es lo único que cruza mi mente. Me quedo en éxtasis, como cuando ves a una persona cuqui o, bueno, en mi caso una berenjena pequeñita (y sabrosona). Y es que… ¿por dónde empezar? Mejor explicando qué son, ciertamente, porque es muy posible que no sepas de qué hablo y ya estés pensando en llamar a algún psiquiátrico para que se hagan cargo de mi lastimera existencia.

¿Qué son?

Las microrrizas o raíces fúngicas son asociaciones de hongos con las raíces o rizoides de las plantas terrestres. En esta clase de asociación, parte del micelio fúngico se sitúa dentro de los tejidos de la planta, mientras que otra parte está en contacto y se extiende por el suelo circundante. Constituyen uno de los tipos de simbiosis más frecuentes en la biosfera -me ha dolido en el alma no poner Gaia-; pueden encontrarse en la mayoría de los hábitats terrestres, excepto en los más húmedos o ricos en nutrientes, y son más eficaces como órganos absorbentes de agua y nutrientes que las raíces no asociadas a hongos.

Raíces de una planta asociadas a micorrizas

¿Y a mí qué me importa?

Eso, ¿y a ti qué? No sé si te das cuenta, pero la mayoría de ecosistemas no sobrevivirían o serían bastante yermos sin las micorrizas, a excepción de aquellos con buena disponibilidad de agua y nutrientes. Y aun así, estos últimos también sucumbirían. ¿Por qué me atrevo a afirmar tal barbaridad? Verás, los micelios fúngicos están conectados como una red, a ellos mismos y a las plantas. Hay quien los compara con nuestra red de Internet, y hacen bien, porque resulta que aquella fantasía de la película Avatar de James Cameron en la que toda la naturaleza se comunicaba por medio de esas fibras sensibles no es tan descabellada.

Escena de Avatar (no diré que está teniendo sexo con el árbol porque biológicamente no es así, pero… Que están dándole al tema, vaya)

Torrentes y torrentes de información viajan a través de los distintos micelios presentes en los suelos de nuestros queridos bosques. Un mismo micelio de una especie puede micorrizar distintas plantas, conectándolas. No te vayas a pensar ahora que se ponen a charlar tranquilamente, eso sólo lo pienso yo y porque me lo permite mi desequilibrio mental. No, el tipo de información que comparten es de otra clase.

Imagina por un momento que un virus vegetal llega tan contento a un bosque muy cuco e infecta varios árboles. Empieza a matarlos lentamente, sin ningún pudor, porque él es así y vive de eso. Estos árboles mandan entonces señales que son captadas por las micorrizas y luego transportadas por los micelios hasta otras plantas. En muchos casos, esto permite a los otros árboles protegerse mediante la expresión de distintos genes para desarrollar aquellas defensas que puedan tener, y evitar así la infección viral. Para los árboles que fueron infectados ya es tarde, pero constituyen un sacrificio bastante honroso, pues han contribuido a proteger al ecosistema entero de una posible catástrofe (insertar música épica y emotiva mientras vemos árboles grandes y esbeltos caer trágicamente al suelo).

Este hecho ha sido demostrado repetidas veces en distintos experimentos con plantas aisladas y sin aislar donde crecen micorrizas. En aquellas sin micelios que eran infectadas, no había señal que indicara al resto que debían protegerse y morían. En cambio, en las que presentaban micorrizas, muchas se salvaban. Tienes más información sobre esta red de hongos aquí, te lo dejo porque podría tirarme hablando páginas y páginas y no quiero morir a manos de tu ira.

Existe además un tipo de micorriza denominada orquidiodie que se asocia con la semilla de las orquídeas para permitirle germinar. Para ello, depende totalmente de estos hongos, pues se ha tratado hacerla germinar de muchas formas y  con diversas sustancias, pero sólo funciona con el organismo fúngico. Esto se debe a que la semilla no contiene apenas nutrientes y no es lo suficientemente fuerte como para empezar a desarrollarse por sus propios medios.

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Orquídea, por Ramón Portellano

Aplicaciones hortícolas

Aparte de esta red de señalización, los hongos micorrícicos protegen de forma directa a la planta de infecciones por bacterias del suelo o incluso otros hongos parásitos. Esto, además del gran aporte de agua y nutrientes, es una gran ventaja que podría aplicarse en cultivos. Actualmente no suele usarse en la agricultura intensiva, ya que el suelo está muy dañado por el excesivo uso y la fertilización inadecuada, pero se está empezando a usar en la agricultura ecológica.

PD: a las berenjenas les gusta esto.

Paul Stamets

Empecé a interesarme por los hongos por un artículo que vi en una revista sobre Paul Stamets, un micólogo bastante extravagante. En él se contaba que cuando era joven paseaba por un bosque cerca de su universidad, escaqueándose debidamente de las clases. Un día se encontró una seta, así porque sí, y al muy… ¿Suertudo? No se le ocurrió mejor cosa que comérsela. Al parecer alucinó y esas cosillas que pueden hacer las setas, pero no murió ni le quedaron secuelas graves, al contrario: descubrió que le había curado la tartamudez. Como lo lees: una patología que lo había acompañado durante toda su vida había desaparecido gracias a una seta cualquiera de un bosque cualquiera. Decidió entonces que investigaría más a fondo los organismos fúngicos, y vaya si lo hizo. Descubrió todo un mundo que estaba -y sigue estando- inexplorado. Tan raros son los hongos, y tanta tirria se les tiene por contaminar placas de cultivo y plantaciones enteras, que no se ha tenido en cuenta algo fundamental: tienen propiedades impresionantes.

Paul Stamets

Así, acabó aportando numerosas revelaciones sobre aplicaciones de biorremediación y propiedades medicinales. Los hongos tienen la capacidad de absorber sustancias contaminantes y convertirlas en otras inofensivas para el desarrollo de nichos ecológicos, hecho muy importante para la restauración de ecosistemas. Existen hongos, como los del género Morchella, que crecen y fructifican (producen las setas) mejor cuando ha habido un incendio, ayudando a convertir las cenizas en sustancias menos nocivas.

Ha estudiado también las diversas funciones de las micorrizas, investigaciones que quedan reflejadas en su libro Mycelium running: How Mushrooms Can Help Save the World. Actualmente sólo está disponible en inglés, pero es bastante impresionante. Te recomiendo que le eches un vistazo si te interesan estas cosillas (seguramente esté en PDF por ahí).

Curiosidades

Ahora os bombardeo con unas cuantas curiosidades que a mi parecer son interesantísimas e incluso útiles.

Moho negro del pan

Este hongo, Rhizopus stolonifer, es ese que vemos en el pan y que nos dice que debemos tirarlo. Pero tirarlo entero. Si se te pasa por la cabeza que como una parte está manchada de negro pero la otra no, sólo con no comerte la parte coloreada estará bien. Es un error muy común, pero no deberías volver a hacerlo. Tampoco cuando una rebanada del pan de molde está enmohecida pero las de debajo no, porque seguramente también estén infectadas.

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¿Cómo es esto? El moho se reproduce por medio de esporas que germinan en el pan y extienden su micelio medio transparente por éste. Cuando está listo, se dispone a formar los esporangióforos, donde se alojan los esporangios, y éstos producen las esporas. Estos esporangios, al contrario que las hifas del micelio, suelen tener una coloración específica, en este caso negra. Por ello, lo que vemos cuando identificamos un alimento enmohecido son las esporas agrupadas listas para dispersarse, no el hongo entero.

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Moho a más aumento. Las estructuras negras son los esporangióforos

Así que ten cuidado más adelante, pequeña hortaliza, tu cuerpo te lo agradecerá.

Amantes del estiércol

Pilobolus, un hongo coprófilo. Te sonará algo rara esta palabra, pero yo diría que hay mucha gente por ahí que podría denominarse así, literalmente: amante del estiércol. No, no te hablo de él sólo para meterme con humanos incautos, es algo más que eso -lo que no quita que no me esté riendo en este mismo instante-. Este organismo, por tanto, crece en el estiércol.

Para germinar, sus esporas deben ser digeridas por el estómago de un animal, pasar así por su tracto digestivo y deshacerse de la cubierta protectora que presenta. Cuando el animal excreta sus heces, las esporas las acompañan, por lo que pueden germinar directamente y dedicarse a su encomendable tarea de descomponer el estiércol. Sin embargo, ¿cómo hacer que los animales se coman mis esporas si no se alimentan de estiércol y no puedo hacerlas volar? Oh, espera un momento, quizá sí que puedan “volar”.

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Bueno, esto es una vaca, como puedes ver. No está vertiendo lo que nos interesa, pero te haces una idea…

Así que este hongo tan bien dispuesto ha desarrollado un sistema perfecto para su situación. Cerca de la punta del esporangióforo de Pilobolus, una región hinchada apunta hacia la luz, haciendo que esta parte del hongo se torne hacia el Sol. La alta concentración de solutos de la región hinchada conduce a la absorción de agua, que hace que se hinche más (por ósmosis) y termine por explotar. Cuando esto sucede, el esporangio de la punta del esporangióforo sale despedido a una distancia de hasta dos metros en la dirección de la luz más brillante, allí donde es más probable que crezca la hierba y, en consecuencia, sea más fácil que las vacas la consuman e ingieran las esporas. Honguitos inteligentes, sin duda.

Esporangióforos de Pilobolus mirando al Sol. La parte negra es el esporangio, que contiene las esporas.

Cornezuelo

El hongo Claviceps purpurea provoca el cornezuelo, una enfermedad de cereales como el trigo, el centeno o la cebada. El cereal afectado por el cornezuelo contiene una serie de sustancias químicas tóxicas producidas por el hongo, incluida la amida del ácido lisérgico, un precursor de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD, vamos). El consumo de un cereal afectado puede provocar ergotismo, una enfermedad humana también conocida como fuego de San Antonio. Esta afección tóxica, cuyos síntomas son alucinaciones, desorientación, náuseas y convulsiones, puede dar lugar a la muerte.

Cornezuelo en una espiga de centeno. El hongo es la parte negra y alargada que invade un grano y se nutre en su lugar.

En el año 994 d. C., durante una epidemia europea, el ergotismo provocó la muerte de 40.000 personas. La enfermedad también puede generar un comportamiento enajenado y delirios -antes de que pienses nada, no, yo no estoy infectada. Aún-. Los juicios de las brujas de Salem, celebrados en el Massachusetts colonial de 1692, comenzaron cuando un grupo de chicas jóvenes se volvieron histéricas mientras practicaban magia -magia hubo, eso está claro-. Se creyó que estaban bajo los efectos de un hechizo de brujería, pero algunas personas sospechan hoy que sus síntomas eran los del ergotismo.

Siento decepcionarte, pero actualmente es bastante improbable que tú también seas capaz de hacer magia, ya que la mayoría de los cultivos de cereales resisten las infecciones de C. purpurea, y los graneros en los que se almacenan están bien ventilados, con el fin de retrasar el crecimiento de los hongos.

Corros de brujas

Seguimos con la magia, pero esta es preciosa, pues en torno a ella circulan leyendas de duendes y brujas que te enamorarán. Los corros de brujas son estos de aquí:

Un círculo perfecto de setas que no ha sido cultivado por ningún ser inteligente y en cuyo centro no se observa ningún elemento visible causante de tal efecto. ¿Cómo es posible? Ya te he comentado que los hongos se reproducen por medio de esporas y las setas que vemos son su cuerpo fructífero. Imagina que una espora germina en medio de un césped sin grandes raíces a su alrededor. Al no haber obstáculos, las hifas del micelio van a expandirse  en todas direcciones, es decir, formando un círculo. Crece bajo tierra, mientras en la superficie no observamos nada. Llegan las lluvias y las condiciones climáticas favorables para reproducirse, así que ha llegado el momento de formar las setas. Como el micelio ha crecido en círculo (como las ondas que crea una piedra al caer al agua) y las estructuras reproductoras se forman en los márgenes del micelio en crecimiento, las setas surgirán en los límites del hongo, y veremos que se disponen circularmente. En el centro, por tanto, es donde germinó la espora inicial.

Durante siglos se preguntaban las gentes qué podría originar aquello. Darwin incluso se aventuró a elaborar una teoría teniendo en cuenta fenómenos eléctricos que tienen lugar en las tormentas, cuando se produce una descarga en un mismo punto y quema la tierra, pero se equivocaba. Otros, por el contrario, se inclinaban más por causas mágicas o demoníacas. Algunos afirmaban que eran señales provenientes del subsuelo donde se encontraba el infierno. En la mitología europea, estos corros se denominaban anillos de hadas, y se decía que eran creados por duendes y estas criaturas al bailar en un corro.

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El Anillo de Hada; La Pipa Encantada (1880) por William Holmes Sullivan

La inteligencia de los hongos

¿Hongos inteligentes? A estas alturas ya habrás comprendido el alcance de estos organismos sobre la vida en la Tierra. Sin ellos no habría descomponedores que devolvieran la materia orgánica muerta a su anterior estado inorgánico y así ser introducida de nuevo en el ciclo de la vida, al ser absorbidas por las plantas. Sin ellos no habría micorrizas que protegieran radicalmente las raíces de las plantas contra infecciones o las ayudaran a conseguir agua. Pero es que esto no acaba aquí, ni mucho menos. Aún hay aspectos de estos compañeros de viaje fúngicos que nos faltan por descubrir, y son muchos.

En el año 2000, por ejemplo, el investigador Toshiyuki Nakagaki realizó un sencillo experimento con el hongo Physarum polycephalum. Para ello, preparó un laberinto con una sola entrada y una sola salida en una placa Petri con un medio de cultivo corriente de agarosa (el agar aporta consistencia de gelatina y se le añaden nutrientes básicos). En la entrada y la salida colocó copos de avena (muy nutritivos para este hongo) e inoculó P. polycephalum en la entrada. Así, según el micelio iba creciendo por el laberinto, se podía observar que elegía la ruta más corta para llegar a la salida con su copo de avena como premio. De alguna manera, el hongo sabía qué ruta escoger para gastar menos energía y tiempo en llegar a la recompensa. Increíble, ¿verdad? Pues así ocurrió.

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¿Imaginas entonces las infinitas posibilidades y el juego que pueden dar estos organismos? Es un futuro aún por descubrir que sin duda nos enseñará y aportará nuevos puntos de vista y enormes avances en la ciencia.

Esto sin dejar de añadir… QUE SON TREMENDAMENTE CUQUIS.

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5 comentarios en “Hongos, los eternos incomprendidos

  1. Me encanta. Sencillamente genial.
    Yo soy un inculto de todo esto, pues soy de los que llamaban hongos a las setas (llamaban, pasado, ahora he aprendido) y, a parte de que se entiende muy bien sin saber de esto, he aprendido cosas nuevas y has cambiado mi percepción de los hongos.
    Y QUE ME ENAMORA QUE METAS MITOLOGÍA, MALDITA BERENJENA CUQUI

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