Demonios

Te retuercen, manipulan y espolean. Corretean por los recovecos más frágiles de tu alma. Brincan y brincan sin parar, sin descanso, oscureciendo más y más tu corazón de cristal.

A veces tan sutiles… Te das la vuelta y se esconden. Ocultan su presencia, pero no sus consecuencias. Excavan, ahondan. No estás a salvo y no eres consciente.

De pronto los descubres. “¿Qué debo hacer?”, te preguntas. Apenas una milésima de segundo. Un suspiro del Señor del Tiempo, y ya estás huyendo.

Corres, corres, quieres salvarte. Piensas: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Inocente por tu parte. Permanecerán en tu mundo, perseguirán tus anhelos.

Tus demonios. Son tuyos. Míralos de frente, nunca les des la espalda. Traicioneros y enrevesados, no conocen el cansancio.

Ahora, sí, frente a ti. Ya has huido, y te has cansado. Nace, vive, se expande. La rabia del falso olvido, de lo mal vivido. Inunda cada poro de tu ser, alimenta tu espíritu. Explota.

Tus demonios. Son tuyos. Sólo tú puedes destruirlos. Quizá alguien pueda distraerlos un instante, pero siguen siendo tuyos.

Y es que no hay alma más pura que la que sabe que venció a su propio miedo interior.

Tus demonios.

Son tuyos.

Destrúyelos.

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