Tierra de nadie

Diario del destiempo. Día 1.

Ni siquiera sé qué decir, sólo estoy escribiendo esto porque ella me importa, ella me sugirió que lo hiciera. Para alguien a quien hago caso en la vida y tenía que pedirme esto…

No sirve de una mierda, sólo voy a decir sandeces.

Uf, está bien, voy a dejar de arrugar el papel, esto no me permite avanzar.

Veamos, ¿qué dijo? “Escribe lo que te preocupa, luego escribe las causas de esa preocupación y al final lo que crees que podría solucionarlo”. Maravilloso.

¿Qué me preocupa? ¿Acabar muerta, quizá? Dioses, ni hablando conmigo misma consigo librarme del sarcasmo. Lo que me preocupa, principalmente, es eso. En cualquier momento pueden venir a por nosotros. Estoy perdiendo el tiempo escribiendo cuando debería estar entrenando con todos. Pero le prometí que estaría aquí al menos media hora, así que no me quedan más narices. Han tomado nuestros campos, han quemado nuestros bosques. Nos han arrebatado todo cuanto conocíamos. La sola palabra “civilización” nos aterra ahora. No podían estar más errados.

¿Cuál es la causa de esa preocupación? Por una vez había conseguido un hogar lejos de las guerras en las que me obligaron a participar, lejos del adoctrinamiento, del convertirse en máquina. Por una vez pude observar lo que llamaban “ecosistema”, con mis propios ojos. Unos ojos de mirada perfecta, genéticamente seleccionados, por si en algún momento se te emborrona la vista observando la pantalla del ordenador y los pobres pierden dinero. Logré escapar de esa jaula, sin saber entonces lo que pasaría, sin tener una leve idea de las consecuencias: la Gran Guerra. La guerra de Gaia contra lo peor del ser humano. Y todo… por mi culpa. Sí, quizá esa sea la causa de mi preocupación, de que no duerma por las noches, de que entrene día y noche por salvar el santuario que aún no ha sido mancillado por sus negras manos. Supongo que esto puede ayudarme a responder  la última pregunta.

¿Qué creo que podría solucionarlo? Hace unos minutos habría respondido “luchar” sin dudarlo. Ahora lo dudo. No por la palabra en sí, la solución sigue siendo esa, sino por lo que significaba para mí. Yo creía que la batalla directa era la mejor medida. Idiota. ¿No ves que nos superan en tecnología? Son inteligentes para la destrucción, me encoge el corazón sólo pensar que yo también llevo esa destrucción en mí. Por eso, lo mejor es volverla en su contra. Que se destruyan ellos. Ahora te entiendo, Gaia. Creía que las catástrofes sólo eran una protesta, pero ahora veo que eran la fiebre y los glóbulos blancos que trataban de acabar con una enfermedad: nosotros. No tenemos nada que hacer contra eso. Así que te voy a ayudar. Sé que nosotros podremos sobrevivir aquí, ya nos has desvelado tus secretos, pero ellos no saben. Se ahogarían en un vaso de agua con sólo quitarles la electricidad.

Antes yo era una funcionaria en la sección de Informática Central. Antes creía que lo que me enseñaban era una pieza más. Ahora comprendo por qué han venido a por mí: sé demasiado, sé cómo destruirlos por dentro. La globalización se volvió en su contra, me temo. Un simple fallo, un “error humano” y todo caerá. Sí, esa es la solución.

Debemos luchar.

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