Epigenética: un don o una maldición

Hace unos días puse un par de preguntas de encuesta en Twitter, para saber qué opinaba la gente sobre la orientación sexual: si ésta se “aprende” y se adquiere con el tiempo, si está ya programada en nuestros genes o si es una mezcla de ambas. No lo pregunté así, porque era perderse en detalles y yo quería una respuesta más amplia sobre el concepto de la gente. Las preguntas fueron estas:

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Como veis, las encuestas aún no han acabado, por si al terminar de leer la entrada os apetece votar: primera pregunta y segunda pregunta

Bien, pues prácticamente todos los que argumentaron estaban de acuerdo en que el entorno influía con mucha fuerza en esa decisión, y realmente parece algo lógico por lo que se observa en nuestro desarrollo como individuos. Muchos, además, sostenían que nacemos con una predisposición a poseer una orientación sexual pero que luego, mediante el entorno, puede acabar siendo otra distinta. A día de hoy, por supuesto, seguimos sin tener la respuesta. Ni aun buscando estudios se puede saber qué pasa exactamente, aunque sí los hay que afirman que hay genes implicados, como este, que relaciona ciertas partes del genoma con la orientación sexual masculina (gracias a @Ar7yet, que me pasó el enlace en uno de esos debates).

A raíz de todo esto, no podía dejar de pensar en la epigenética, que sería la causante de que el ambiente influyera en esa clase de genes para dar una orientación sexual u otra. No tengo intención de debatir más en esta entrada sobre ese tema, pero te lo he expuesto porque me parece interesante. Si quieres comentarme algo más, siempre puedes dejarme un comentario, estaré encantada de saber tu opinión.

Así que os voy a hablar de la epigenética, en qué consiste y qué ventajas y problemas aporta, ya que, como indico en el título, es un don y una maldición.

PD: si me pongo a filosofar, tened en cuenta que hablo desde mis subjetividad y si algo no creéis que está correcto os recomiendo guardar el hacha porque no tenéis NINGUNA oportunidad. ¿De acuerdo? De acuerdo.

Descubrimiento

He de decir que, aunque parezca algo moderno, esta forma de entender el desarrollo de los seres vivos ya se tenía en cuenta en la Antigua Grecia. Como siempre con cualquier cosa, Aristóteles (384-322 A.C.) se nos adelantó (yo es que no sé cómo lo hizo este hombre, de verdad, voy a empezar con teorías conspiracionistas de viajes al pasado o algo). Este filósofo y científico griego habló de la epigénesis, es decir, el desarrollo de la forma orgánica del individuo a partir de materia amorfa. Esta controvertida creencia fue el principal argumento en contra de la hipótesis que mantenía que nos desarrollamos a partir de cuerpos minúsculos completamente formados. Así, encontramos el paralelismo con la actual definición de epigenética: el estudio de cambios heredables en la función génica que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN. ¿No entiendes? Yo tampoco, así que te explico y nos armamos el lío mental juntos.

Epigénesis aristotélica

Veamos, lo que viene diciendo la epigenética es que, aunque la información de nuestro genoma (genoma = conjunto de genes; genes = trozos de secuencias de ADN) es una, cuando interaccionamos  con el ambiente o cuando nuestras células son influidas de alguna forma por la composición del citoplasma o del medio extracelular, estos genes cambian su comportamiento (mediante metilaciones y todo el rollo que contaré después por si os interesa ahondar en la parte técnica). De esta forma, nuestro desarrollo no viene determinado por entero por la información ya existente en nuestras células al nacer, sino que esta información (la forma orgánica del individuo) puede ser alterada levemente por factores ambientales (la materia amorfa).

El descubrimiento de la epigenética propiamente dicha se le atribuye a Conrad Waddington (1905-1975), que la definió como “la rama de la biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos que dan lugar al fenotipo(*)“.

(*)El fenotipo es el conjunto de caracteres visibles que un individuo presenta como resultado de la interacción entre su genotipo (genoma) y el medio.

Explícame mejor de qué va esta cosa rara

Me voy a remitir a una comparación que he leído en esta página, pues me parece la mejor forma de entenderla a grandes rasgos.

Denise Barlow dice que la epigenética perpetuamente ha sido todas las cosas extrañas y asombrosas que no pueden ser explicadas por la genética. Y es buena esta forma de entenderla. Aún sin profundidades determinantes, es que la diferencia entre genética y epigenética seguramente puede cotejarse con la diferencia que se halla entre escribir y leer un libro. Una vez que el libro ha sido escrito, el texto (los genes o la información almacenada en el ADN) será el idéntico en todas las reproducciones que se distribuyan entre los lectores. Pero, cada lector podría desentrañar el guión del libro con una representación subjetiva tenuemente desigual, con sus desemejantes emociones y proyecciones que pueden ir mudando a medida que se despliegan las secciones del mismo.

Precioso, ¿verdad?

Un ejemplo para entender este fenómeno llevado a la vida cotidiana sería, sin dudar, la diferencia entre gemelos con carga genética idéntica.

En teoría, al tener exactamente los mismos genes, son clones. Sin embargo, ¿cómo se explica que a medida que crecen se vayan diferenciando tanto mental como físicamente? Esto es lo que trata de dilucidar la epigenética. Las experiencias vividas, los ambientes a los que se enfrentan, cualquier cambio en la composición de sus más recónditas células que, aun viviendo juntos, van a ser casos distintos, provocará esa diferenciación.

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Esto se debe a modificaciones en el ADN, sí, pero no en la secuencia (que sería la información propiamente dicha, el texto del libro), sino, principalmente, en las citosinas(*) y en las histonas(*) de este. Estas diferencias, por supuesto, se hacen más notorias si los gemelos han crecido separados en ambientes distintos, lo que prueba con más fuerza que hay una relación entre el entorno y la expresión génica. Así pues, vamos a pasar a la parte técnica la cual, si ni recuerdas lo que era el ADN, puede que te cueste entender, pero voy a intentar explicarlo de forma sencilla.

(*)Las citosinas (C) son una de las cuatro bases nitrogenadas que componen la secuencia del ADN, es decir, una de las cuatro letras que componen el abecedario de la información genética.

(*)Las histonas son unas proteínas pequeñas y básicas, lo que les facilita unirse al ADN para empaquetarlo.

Explicación técnica pero sencilla (tú fíate)

La epigenética estudia las variaciones hereditarias que ocurren sin que cambie la secuencia del ADN, es decir, sin que se altere la lectura de las bases nitrogenadas A o adenina, C o citosna, G o guanina y T o timina (que serían las letras del abecedario con el que está escrito el libro). Los procesos epigenéticos son modificaciones covalentes por adición de grupos funcionales o proteínas al ADN o a algunas de sus proteínas asociadas. Estas modificaciones contribuyen a activar o inhibir los procesos de transcripción, afectando así el grado de expresión del ARN mensajero, lo cual puede influir en el desarrollo de patologías. Un tipo frecuente de modificación es la metilación.

Doble hebra de ADN con sus secuencias complementarias: A con T y C con G

La metilación generalmente es la adición de un grupo metilo (-CH3) al carbono 5 de citosinas unidas a guaninas en una de las cadenas de la molécula de ADN. La donación de electrones para que esto se produzca se obtiene a partir de la dieta, y el consumo de vitaminas como la B12,  la B6 o la colina es determinante para este proceso, pudiendo provocar en mujeres embarazadas malformaciones en el desarrollo del feto.

Metilación de la citosina

Pero, si nacemos con una determinada carga genética, ¿cómo se impide que el embrión empiece su desarrollo repleto de modificaciones epigenéticas? El desarrollo embrionario comienza con una oleada que suprime casi todas las marcas epigenéticas que estaban presentes en los genomas de los gametos, exceptuando las de la “impronta” parental, que se conservan. En el genoma paterno (proporcionado por el espermatozoide), esta oleada de desmetilación es un proceso activo que elimina del genoma casi todas las metilaciones a pocas horas de la fecundación, mientras que en el genoma materno (proveniente del ovocito) el proceso es pasivo y se produce durante las divisiones de los blastómeros (período del desarrollo del embrión). Si quieres extender  con más profundidad tus raíces sobre estos conocimientos, este artículo recopilatorio te viene de rechupete: La epigenética y los estudios en gemelos en el campo de la psiquiatría.

Verás, resulta que heredamos ciertos cambios epigenéticos que hayan podido sufrir nuestros antepasados. Esto es, si tus padres, tus abuelos e incluso tus bisabuelos recibieron ciertas condiciones ambientales en algún momento de su vida y aunque ellos no manifiesten consecuencias aparentes por ese proceso, pasará de su genoma hasta el tuyo. Se dieron casos de mujeres embarazadas que pasaron por hambrunas, aquellas que vivían en Holanda en la II Guerra Mundial, por ejemplo, que se recuperaron cuando acabó el conflicto. Sin embargo, los hijos nacieron con patologías como bajo peso, diabetes, hipertensión vascular u obesidad. Hasta aquí todo lógico, las madres estaban malnutridas y era normal que sus hijos no nacieran sanos.

Lo curioso vino cuando estos hijos tuvieron hijos a su vez: presentaban las mismas dolencias a pesar de que sus padres no habían pasado por ninguna hambruna como sus abuelos. Así pues, se realizaron numerosos estudios sobre estos casos para llegar a la conclusión de que la epigenética había tenido sin lugar a dudas un papel central en ellos. Para saber más sobre estos sucesos, te dejo un artículo de Naukas: El invierno del hambre.

Bien, pues creo que con esto ya te habré dejado las nociones básicas para saber de qué va el rollo. Ahora me remito al título: un don o una maldición. Es un don porque ofrece un sinfín de oportunidades y un campo de estudio amplio e interesantísimo que podría aportarnos grandes avances. Pero es una maldición si tenemos en cuenta lo aparentemente aleatorio que es este fenómeno, cómo cualquier cambio en lo que nos rodea, en lo que hacemos o comemos puede influir de tal manera no sólo en nuestro organismo, sino en el de nuestros descendientes.

Esto aporta una visión nueva en la teoría de la evolución, pues antes se creía que los organismos evolucionamos únicamente por mutaciones al azar que, por casualidades de la vida, pueden aportarnos ventajas y dejarnos sobrevivir y adaptarnos o todo lo contrario. No, ahora resulta que también había una parte “consciente”, una parte que tenía en cuenta el entorno. Una evolución que, según el punto de vista, puede ser un milagro o una auténtica putada.

Que tengas un buen día.

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4 comentarios en “Epigenética: un don o una maldición

  1. Aristóteles sabía tanto porque observaba mucho la naturaleza. No es extraño que hubiera intuido lo que la ciencia moderna descubriría años y años más tarde.
    Eres una divulgadora excelente, por cierto 😉

    Le gusta a 1 persona

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