Sueños lúcidos o cómo volar sin caerse

Bienvenido al maravilloso mundo de los sueños.

Te preguntarás cómo es que una berenjena como yo se ha venido aquí a hablar de cosas de humanos. Ja, no me hagas reír. De sueños trata la cosa y en los sueños todo es posible… si sabes cómo hacerlo.

Bien, bien. Ahora quiero que te acerques un momento. Ven conmigo, siéntate cómodo e imaginemos.

¿Ves este sofá sobre el que reposan nuestras posaderas? Pues ahora ya no es un sofá. Ahora la suave tela se ha transformado en escamas, está algo frío y huele a leña quemada. Ahora le han salido poderosas alas y lo sientes respirar con potencia y tesón. Ahora cabalgamos sobre el lomo de un enorme y… cariñoso dragón.

Sí, ha girado la cabeza para restregarla contra ti. Eso es señal de amistad. ¡Pues en tu mundo no lo será, pero es que estamos en mi sueño!

Eso es, en mi sueño. ¿No lo entiendes? Ahora te lo explico. ¡Pero no despiertes!

¿Qué es un sueño lúcido?

Seguro que has oído rumores. Muy probable es, también, que te lo hayas tomado como fantasías o paparruchas que denominan “sobrenaturales”. No seas tan escéptico, esto es algo real. O al menos tan real como lo sea nuestra mente.

Un sueño lúcido es, básicamente, ser consciente de que estás soñando y, en consecuencia, ser capaz de controlar lo que sueñas.

Es decir, si, por ejemplo, estás soñando tranquilamente con tu casa y de repente te das cuenta de que todo eso no es real, puedes cambiar ese escenario. Lo desmoronas y construyes… qué sé yo, ¿un acantilado? Y vas y te tiras. Y confías en que puedes volar porque, diablos, ¡es un sueño! Sí, suena muy divertido. Pero no olvides que los límites los pones tú, si no crees que eres capaz de hacerlo, no lo harás, porque es tu mente. Algo así como cuando Peter Pan enseña a volar a los niños.

Cuando soñamos, hay veces que sabemos con anticipación lo que va a pasar. ¿Por qué no íbamos a saberlo? Es nuestra mente. Ese es el principio. Es nuestra mente, deberíamos ser capaces de controlarla.

¿Dónde está tu espíritu científico?

Antes de ponernos a soñar de verdad, creo que deberíamos ver unas cuantas explicaciones técnicas.

En primer lugar, te recomiendo mirarte mi entrada sobre por qué dormimos, donde expliqué las fases del sueño, si tienes curiosidad por la parte más técnica de todo esto.

En segundo lugar, de las cuatro fases que experimentamos mientras dormimos, supuestamente podemos soñar en todas. Sin embargo, la mayoría de las veces, en los experimentos, los sujetos tienen sueños más vívidos durante la fase REM (etapa 1), y son los que mejor recuerdan. Al parecer, cuando despertamos en alguna de las etapas más profundas (NREM), nos encontramos desorientados tanto espacial como temporalmente y nos cuesta recordar qué estábamos soñando.

Es por esto que se cree que los sueños lúcidos tienen lugar durante la fase REM, y más posiblemente durante las últimas horas de sueño, porque es donde más duración tiene esta etapa y, por tanto, más oportunidades tienes de ser consciente del sueño y modificarlo.

Parálisis del sueño

La parálisis del sueño es un trastorno que ocurre cuando las funciones motrices del cuerpo son bloqueadas al despertar o cuando el mecanismo se pone en marcha de manera prematura. Esto puede ir acompañado de alucinaciones y no suelen ser tranquilas o anodinas, sino más bien todo lo contrario. Las más frecuentes consisten en la impresión de sentir una presencia hostil en la habitación o una presión sobre el cuerpo (la mayoría de las veces sobre el pecho). También puede tratarse de alucinaciones auditivas (crujidos, ruidos de pisadas), visuales (percepción de objetos o de luz) o kinestésicas (sensación de caída, de flotación o vibraciones).

La sensación de miedo y las alucinaciones son provocadas por el estado de conciencia intermediario del cerebro que busca una explicación a la parálisis, que está producida por el neurotransmisor que se encarga de mantener nuestro cuerpo quieto mientras dormimos: la glicina.

He querido hablar de este trastorno del sueño porque puede ser que alguien (sobre todo si nunca ha oído hablar de él) lo confunda con un sueño lúcido, ya que realmente somos conscientes de lo que está pasando. Sin embargo, lo que se tiene en la duración de este trastorno no son sueños, sino alucinaciones, lo que es definitivamente diferente. Dichas alucinaciones no se pueden controlar y, además, durante un sueño lúcido normalmente puedes elegir despertarte voluntariamente (no he podido comprobarlo).

Por si padeces este trastorno o en algún momento te pasa, te dejo aquí las posible causas: puede ser debida al estrés,  la ansiedad, la depresión, la fatiga, la modificación repentina del modo de vida o los horarios irregulares de sueño. También forma parte de los síntomas de la narcolepsia.

Los sueños lúcidos como tratamiento

Si estás teniendo problemas con pesadillas continuamente o últimamente, esto te puede llegar a ser bastante útil.

Existen diversos tratamientos para problemas mentales que se basan en estos sueños lúcidos. Donde más relevancia tienen estos tratamientos, como es lógico, es en las pesadillas y todo lo que ello conlleva.

Esto funcionaría de manera que los sueños lúcidos reducirían la frecuencia de los malos sueños. Los dos componentes claves del tratamiento son, en primer lugar, aprender a utilizar señales para que el soñador se dé cuenta de que está teniendo una pesadilla (algo así como una pesadilla lúcida) y, en segundo lugar, aprender lo que puede hacer después de alcanzar la lucidez.

Así, cada soñador utilizaría diferentes técnicas de inducción del sueño lúcido, como cuestionar la naturaleza del medio ambiente (¿Esto es real o estoy soñando?) y reconocer el escenario de pesadilla que ve ante sus ojos. Luego, puede elegir alguna característica o contenido del sueño que intentaría cambiar, para que la angustiosa pesadilla sea redireccionada a una escena o acción diferente con un final alternativo (y menos temible).

Lo que te aconsejo si eres propenso a los malos sueños es, básicamente, tener un sueño lúcido en el que al final aparece una berenjena con un hacha y se carga a todo aquel que te esté haciendo pasar un mal rato. ¿No? Bueno, vale, elige lo que quieras, pero tú te lo pierdes.

Este tratamiento también parece ser eficaz en el trastorno de estrés postraumático (TEPT), que es un tipo de trastorno de ansiedad, que puede ocurrir después de haber experimentado un trauma emocional que implica una amenaza de lesión o de muerte. Entre los síntomas del TEPT se encuentra la intrusión y el persistente recuerdo del evento traumático, donde se incluyen las pesadillas. Por este y otros muchos problemas de este tipo, se investiga el uso de los sueños conscientes para ayudar a las personas que los padecen a superarlos.

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 ¿Cómo tengo un sueño lúcido?

Ah, amigo, ahora nos adentramos en el meollo del asunto. Suena muy bonito eso de poder cambiar los sueños a tu antojo pero, ¿CÓMO? Lo que voy a explicar ahora son consejos, técnicas desde distintas experiencias, que para nada garantizan que vayan a funcionar contigo o con Fulanita. Porque, como sabes, cada mente es un mundo y ninguna funciona exactamente como la otra.

Creo que voy a empezar por lo más básico. Dime, ¿estás soñando?

No te rías o sonrías con suficiencia, te lo estoy preguntando en serio. Mira a tu alrededor y dime por qué sabes que no estás soñando. ¿Qué te indica que no sucede?

Para mí, la primera respuesta sería que en un sueño nunca nos preguntamos si estamos soñando (salvo en un sueño lúcido, claro). Siempre solemos tomarnos la realidad que se nos muestra allí como la verdad, aunque ciertas partes las encontremos extrañas. Podría decirse que en el mundo de los sueños nuestro espíritu rebelde y escéptico es completamente nulo.

Pero, ¿qué pasaría si nos lo preguntáramos por pura cansinería? Si no eres una persona constante me vas a odiar por esto, pero realmente el secreto para tener un sueño lúcido es eso: la constancia.

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Pregúntate continuamente si estás soñando. Hazte esa pregunta una, otra y otra vez. Al final, por pura costumbre, acabas por soñar precisamente con eso y “plinc”, ha comenzado. Pero no es sólo formular la pregunta y seguir viviendo, no. Es también tratar de fijarte en los detalles que te indican que no estás soñando, es responderte a ti mismo cuando te lo cuestionas.

Estos detalles pueden ser cualquier cosa, aquí sí que depende mucho de cada persona. Vamos a poner de ejemplo la película Inception (Origen). Tranquilo, no es un spoiler, y si lo es, no tiene casi relevancia en el argumento. En esa película, para determinar si están en un sueño o no, cada uno poseía un objeto diferente que siempre llevaban consigo. El protagonista poseía una simple y pequeña peonza que hacía girar siempre que se acordaba. El resultado en la realidad es que la peonza gira con normalidad hasta que pierde la fuerza que la hace sostenerse y se para. Sin embargo, en un sueño las leyes de la lógica y la física suelen estar bastante trastocadas (me gusta imaginar que nuestra mente pasa con toda la pereza del mundo de simular todos los detalles de la realidad cuando soñamos), por lo que al observar su giro se da cuenta de que no lo hace con normalidad. En una de las escenas, si no recuerdo mal, la peonza no deja de girar nunca, lo que aquí sería considerado extraño.

La peoncita en cuestión

Así, como esa persona estaba acostumbrada a verla girar y sabía exactamente cómo se comportaba ese objeto, y además sabía por qué lo observaba y cuál era su fin (despertar en un sueño), inmediatamente podía discernir si lo que vivía era real o un producto de su mente.

Sin embargo, no te equivoques, no está demostrado que se puedan compartir sueños y mucho menos sueños lúcidos. Si quieres más de esta ficción, por cierto, te recomiendo el libro que me introdujo en este intrigante mundo onírico: En el Corazón del Sueño, de Carmen Pacheco. El argumento me dejó un poco fría, pero lo que es el concepto de los sueños y demás está bastante chulo.

Otro detalle que puede ayudar a darse cuenta de que estás soñando es el tiempo. El tiempo nunca pasa igual en la vida real y en los sueños. De hecho, incluso en la vida real nos parece que el tiempo va rápido o deprisa, imagina en el mundo onírico. Esto te será muy útil sobre todo si usas reloj. Cuando mires la hora, no sólo “la mires”. Fíjate en el segundero y comprueba que los segundos pasan con la normalidad acostumbrada, que siguen el orden 1, 2 y 3 y no se saltan cifras a su antojo (que puede pasar si está escacharrado, pero eso ya son fallos técnicos). Si no tiene segundero, puedes mirar la hora unas tres veces seguidas en un lapso corto de tiempo. En un sueño probablemente ocurra que las cifras señaladas no coincidan con el tiempo que ha pasado o incluso señale en algún momento una hora que no existe.

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Las agujas del reloj no suelen moverse a su antojo… No demasiado

Y así con múltiples ejemplos y casos, todos relacionados con las leyes físicas y lógicas, como ves. Por eso, voy a hacerte la pregunta otra vez.

¿Estás soñando?

¿Los pájaros vuelan con normalidad? ¿El sol está en su sitio? ¿Se mueven cosas que deberían estarse quietas? ¿Hablan las berenjenas?

Sí, la clave es la constancia, pero fijarte en esos detalles te lleva unos pocos segundos. Se trata de fijarte en tu entorno para que, llegado el caso, te fijes en el entorno del propio sueño y exclames el esperado “¡Estoy soñando!”.

Diario de sueños

Esta parte suele ser la más divertida. Es muy recomendable, ya no sólo si quieres tener sueños lúcidos, sino recordar qué sueñas normalmente, hacer este tipo de diarios.

¿En qué consiste? No tiene mucho misterio. Coges una libreta, le pones una portada molona y cada día anotas los sueños (con su fecha, por si acaso) que recuerdas haber tenido durante la noche. Eso sí, deberás hacerlo lo antes posible, porque los sueños tienen la mala manía de dispersarse por los recovecos de la mente, como sabrás. Al final del día te encuentras con que aquel sueño que tanto te había impresionado al despertar ya no se encuentra en tu memoria. Sólo algunos pocos, LOS ELEGIDOS, se salvan y son recordados.

Así que apunta y te llevarás una sorpresa. No sólo te encontrarás con que los recordarás con más tiempo, sino que si los lees semanas, meses o incluso años después… ¡Tachán! Resulta que los recuerdas con más viveza de lo que creías.

Como he dicho, es útil para los sueños lúcidos porque de alguna manera ayudan a ser más consciente del “mundo onírico” y no dejarlo simplemente en “ese lugar en el que me quedo mientras duermo y espero a que se haga de día”. No sé tú, pero a mí me gustaría conocer más mi mente, y más cuando nadie la mira… ni siquiera nosotros mismos.

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¿Quién sabe? Incluso pueden darte ideas para crear historias

Y después, ¿qué?

No te voy a engañar, lo gracioso de todo esto es que, con lo difícil que es ser consciente de nuestro propio sueño, luego viene la tarea de tratar de cambiar lo que ocurre. Resulta que si tratas de cambiar todo de golpe, sin ir paso a paso, todo se desmorona y, o vuelves a perder la conciencia o te despiertas. La mente se confunde bastante en los sueños lúcidos y hay que ir tan despacio como cuando aprendes a andar. Os lo dice alguien que estaba tan ansiosa que quiso hacer aparecer un bosque en mitad de su casa a 18 metros de altura. Maldita la hora, oye.

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La mejor representación de sueño lúcido: si no tienes cuidado, se te escapará

Según distintas experiencias que he oído, leído o experimentado, lo más común cuando la gente tiene un sueño lúcido es que trate de volar. Al darse cuenta de que puede hacer cualquier cosa, elige aquello que más libre puede hacerle. Si quieres, puedes empezar con eso. En mi caso, el problema que he visto siempre es la inseguridad. Siempre creía que me iba a caer o que no podría subir y, en consecuencia, ocurría. Por eso, los sueños lúcidos también pueden ser un buen método para entrenar la seguridad y la confianza en uno mismo. Piénsalo: sólo ocurrirá lo que creas que serás capaz de hacer. Lo único que debes recordar es que los límites los pones tú.

Y ahora, a soñar

Ahora es tu turno, sí. Si ya lo has intentado antes, igual te  ha venido bien esta entrada para no rendirte. Si nunca te lo habías planteado, por probar no vas a perder nada. Si ya lo consigues… TE ODIO MUCHO.

Sí, verás, dije que el secreto es ser constante… y yo no lo soy en absoluto.

Si habéis vivido alguna experiencia onírica de este tipo, os animo a compartirla en los comentarios porque es de lo más interesante.

Y ahora sí, me despido ya con una simple y maravillosa pregunta:

¿ESTÁS SOÑANDO?

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3 comentarios en “Sueños lúcidos o cómo volar sin caerse

  1. Me ha encantado la parte del diario de sueños, creo que intentaré llevarlo a cabo a ver si así consigo encontrar un sentido al laberinto que tengo por mente (hay hasta minotauro).
    Por otro lado, el apartado de Parálisis del Sueño lo has descrito perfectamente. Quiero compartir que a mí me ha pasado dos veces y en ambas ocasiones he tenido esa “sensación” de vibraciones. Era como si el cerebro me estuviese vibrando y no pudiera hacer nada por moverme o intentar despertarme.
    Seguiremos investigando el mundo onírico, que me interesa muchísimo.

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  2. Absolutamente maravillosa, la entrada. Me ha encantado el ejemplo de Inception, gran película muy relacionada con todo este tema y que te hace plantearte cosas.
    Y bueno, decir que voy a intentar seguir tu método y tener algún sueño lúcido (ay, la constancia, esa cruel y caprichosa amante).
    Mis enhorabuenas, querida berenjena.

    Le gusta a 1 persona

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