Roble, que te quiero, roble

Verás, resulta que tenemos un ligero problema: se conocen unas setecientas especies distintas de robles. Así que ya me dirás tú qué hacemos. Pues lo obvio: señalo características de unas pocas especies cercanas a nuestro hogar y luego hablamos de mitología y demases cosas sensuales (malditos y sensuales druidas).

 Así que… ¡Nos vamos a Galicia! Querido carballo, ¿podrías presentarte?

Roble carballo: Quercus robur

Es un árbol de gran desarrollo que, cuando dispone de los nutrientes, el espacio y la humedad suficientes, puede hacerse gigantesco y llegar a una elevada edad. Sus hojas son de color verde oscuro, coriáceas, con un limbo (contorno de la hoja) lobulado que cubre hasta la base del peciolo (comunmente conocido como “el rabito de la hoja”). Sus flores estaminíferas (masculinas) tienen forma de amentos colgantes; las femeninas están soportadas por largos pedúnculos axilares. Se cría bien en suelos ricos y profundos, sobre todo en llano.

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Amentos, flor masculina

Se recolecta la corteza, que tomándose en decocción es un poderoso astringente, utilizado contra las fuertes diarreas y los problemas gastrointestinales. Externamente se emplea en forma de baños contra sabañones, quemaduras, hemorroides y enfermedades de la piel, incluida la micosis. Sus sustancias activas son desinfectantes y vulnerarias.

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Roble albar: Quercus petraea

Árbol de gigantesco tronco agrietado, con copa de gran envergadura, que alcanza dimensiones importantes y edades elevadas. Sus hojas son coriáceas, de color verde persistente y dotadas de un corto peciolo. La polinización es llevada a cabo por el viento, como en el carballo, a través de los amentos. Su fruto es un aquenio de una única almendra, la bellota, soportada por una cápsula poco profunda. El roble albar forma extensos robledales, sobre todo en baja y media montaña.

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Con fines medicinales se recolectan la corteza, la bellota y a veces también las hojas y las agallas. Las bellotas se recogen bien maduras, cuando se desprenden por sí solas de su cáscara y se tuestan con el fin de transformar su almidón en dextrina y de hacer desaparecer lo taninos amargos. Por molienda de estas bellotas se obtiene “café de bellotas”, y mezclándolas con cacao y azúcar el “cacao de bellotas”. Estas bebidas son eficaces contra la diarrea y además son vulnerarias; efectivas en las heridas de cicatrización difícil.

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Las propiedades de la corteza son los mismos que en el carballo. Las agallas, que se forman patológicamente tras la picadura de los tejidos por insectos cinípedos, constituyen la materia prima para la obtención del tanino puro, el cual es ampliamente utilizado en la práctica terapéutica para detener las hemorragias de la nariz o de las heridas, en aplicaciones de talco, gargarismos y ungüentos, etc.

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Agalla en Quercus robur

Vamos con la magia

Nuestro querido roble constituye una de las figuras sagradas más antiguas y conocidas. Tal es esta importancia que había lugares donde este árbol no era talado jamás, incluso castigándose con la muerte a todo aquel que se atreviera, pues se creía que estos y otros árboles (como el haya) estaban dotados de espíritus o almas.

Este árbol ha sido durante siglos el lugar de reunión para eventos importantes. A la sombra de sus ramas se celebraban consejos donde, también, los malditos y sensuales druidas hacían de las suyas. Basta con decir que en el mismo alfabeto druida el nombre del roble se corresponde con la letra D (por Duir, que significa “puerta”) y estaba situado en el centro del calendario como una puerta abierta que mira hacia las dos mitades del año. Por consiguiente, la palabra “druida” tiene asimismo su raíz etimológica en él y quiere decir “sacerdote del roble”.

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Para los celtas, el roble era el eje del mundo. Debido a que las raíces del árbol se sumergían en el suelo mientras sus ramas se elevaban al cielo, el druida lo consideraba el símbolo de la relación tierra-cielo. Poseía en este sentido un carácter central, hasta tal punto de que
suponía la esencia del mundo.

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Árbol de la vida

Los druidas consideraban que cada hombre o mujer lleva en su interior un árbol, por medio del cual alimentaba el deseo de crecer de la mejor manera. En realidad, el árbol suponía el protector de todo lo material y espiritual de los seres humanos celtas. Utilizaban el roble en sus ritos (tanto en forma de hojas como en infusiones, a las que atribuían beneficios como la mejora contra la esterilidad o como antídoto de determinados venenos), cogiéndolo sólo mediante una complicada ceremonia que estipulaba un día concreto (“el sexto día de la luna”), un sacrificio ritual, un banquete a los pies del árbol elegido, etc. para posteriormente subir un sacerdote al árbol, vestido de blanco y con una hoz de oro, para cortarlo y transportarlo en un paño blanco.

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Tenía que incluir a Panorámix y lo sabes

En Galicia, los druidas consideraban al roble como el árbol mágico por excelencia. Si un enfermo era pasado por las hendiduras del roble curaría; y para defenderse de cualquier mal, los celtas colgaban en las ramas de este árbol algunas de sus ropas.

El árbol de Gernika

En la localidad de Guernica (Gernika en euskera), en Vizcaya, es célebre un viejo roble: el árbol de Gernika, símbolo de las libertades del pueblo vasco. A su sombra se congregaban las asambleas y los reyes juraban respetar los fueros. La tradición transmite la creencia de que el dios cristiano plantó este árbol hace mil años y que no debe dejársele morir porque, de lo contrario, la perdición de los vascos será irremisible (profecía que se recuerda en el Himno al Árbol de Gernika). Lo cual es gracioso porque, verás, resulta que se les ha muerto varias veces. Más de una. Unas pocas muchas. Se moría y volvían a plantar otro con retoños del anterior. Sí, bueno, no haré chistes sobre esto, salvo que… CONTRATAD UN BOTÁNICO DE VERDAD, POR GAIA.

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Árbol nuevo

En fin, tampoco hubiera podido hacerse mucho. El árbol original murió tras caer gravemente enfermo por el hongo Armillaria mellea.  El árbol de Gernika, el roble situado en la Casa de Juntas de Vizcaya, murió en el año 2003 debido a las altas temperaturas que se registraron durante el mes de agosto. Tenía una altura de 12 metros, 146 años y era el tercero de su estirpe. En su lugar se plantó un retoño, siempre con la idea de tener un árbol eterno, en el que se acaba un ciclo y empieza otro, algo que ha pasado varias veces en la historia.

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Tronco del árbol viejo

Así pues, querida hortaliza, yo que tu entablaría una hermosa amistad con un buen roble, te podrá defender bastante bien y te traerá alegría. O se te morirá. Todo es posible, oye.

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3 comentarios en “Roble, que te quiero, roble

  1. Una vez más, me encanta la forma que tienes de escribir, querida berenjena.
    Me parece que aún nos queda por descubrir mucha magia de este árbol, y más para un inculto vegetal como es un servidor.
    En defensa del árbol de Gernika diré que, ¡eh! ¡Sobrevivió a un bombardeo (creo)! Pero sí, se nos ha morido varias veces y ha habido que replantarlo. He de reconocer también que no conocía la leyenda (¡vaya un vasco, y encima vizcaíno, que estás hecho!).
    Mis felicitaciones otra vez 🙂

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