Algo más que algas

¿Quién no ha paseado por la playa alguna vez en los meses fríos, cuando no pasan por la arena esas máquinas que la dejan limpia e impoluta (según los humanos)? Quien lo haya hecho por el Mediterráneo, habrá observado que hay grandes acumulaciones de unas láminas verde oscuro, casi pardo. Esas algas nauseabundas… Ah, espera, no. Resulta que NO SON ALGAS.

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Si creías que lo eran, es que necesitas urgentemente esta entrada, querida hortaliza. Así pues, comencemos de inmediato.

¿Qué es un alga?

En primer lugar, las algas no pertenecen al reino Plantae, como mucha gente aún sigue creyendo (igual hago una entrada de sistemática un día, es un poco lioso), sino al reino Protista. Este reino engloba organismos eucariotas unicelulares y pluricelulares y, como es un poco un “cajón de sastre” donde se han metido a especies que no tienen mucho que ver unas con otras, se dice que es un reino más artificial que el resto. Por ejemplo, algunos protistas parecidos a los animales tienen paredes celulares con celulosa, como las de las plantas; algunas algas pueden absorber el alimento como los hongos, y otras ingieren como los animales.

Pero la mayoría de las algas son fotosintéticas. El principal rasgo que se usa para diferenciar unas algas fotosintéticas de otras son sus pigmentos fotosintéticos, es decir, los que les permiten absorber la luz a una longitud de onda u otra. Según esos pigmentos, a las algas pluricelulares se las clasifica en verdes, rojas y pardas. Pero antes hablaremos de las unicelulares.

Algas unicelulares y coloniales

La mayoría de estos organismos están englobados en el famoso fitoplancton, es decir, el conjunto de organismos microscópicos y fotosintéticos que flotan libremente cerca de la superficie de océanos y lagos.

El fitoplancton es importantísimo para la vida tal y como la conocemos actualmente, ya que lleva a cabo la MITAD de la fotosíntesis mundial y sirve de base a TODAS las cadenas alimenticias oceánicas, del mismo modo que ocurre con las plantas en los ecosistemas terrestres (quien se atreviera ahora a mirar a los árboles con más respeto que al inmenso océano). Sin embargo, estos microorganismos son extremadamente sensibles a las variaciones de temperatura y a la contaminación. Con que la temperatura del agua cambie tan solo unos grados o haya un incremento de los contaminantes vertidos a las aguas, todos los demás niveles tróficos, incluidos los humanos, se verán afectados. Así de importante es.

Dentro de este grupo encontramos:

Euglenofitas, filo Euglenophyta. La mayoría viven en agua dulce.

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Euglena

Diatomeas, filo Bacillariophyta. Crecen en agua dulce y salada y en la vegetación húmeda de la tierra. Son principales constituyentes del fitoplancon, junto con los dinoflagelados, pudiendo ser las responsables de un cuarto de la fotosíntesis de la Tierra.

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Pinnularia viridis

Algas amarillentas, filo Xhantophyta. Viven fundamentalmente en aguas dulces, aunque algunas se encuentran en el océano o en suelos pantanosos. Las formas libres son una parte importante del fitoplancton.

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Vaucheria

Algas doradas, filo Chrysophyta. En su mayoría planctónicas de agua dulce y agua marina. Algunas son mixótrofas, es decir, se alimentan de bacterias o materia orgánica muerta, pudiendo reducir así su dependencia fotosintética.

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Synura, un alga dorada colonial

Criptofitas, filo Cryptophyta. Las criptomonadas (del griego kryptos, “escondido”, y monos, “único”) se llaman así porque suelen medir menos de 50 micrómetros, pasando desapercibidas con facilidad.

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Chilomonas

Haptofitas, filo Prymnesiophyta. Viven en el océano, siendo miembros importantes del fitoplancton de los Trópicos. Son responsables de aproximadamente el 50% de la fotosíntesis del Atlántico. También existen de agua dulce y terrestres. Las que contienen carbonato cálcico se denominan cocolitos, que constituyen en gran medida los Acantilados Blancos de Dover, en Inglaterra.

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Acantilados de Dover

Dinoflagelados, filo Dinophyta. He querido dejar este para el final porque es el que más me fascina. Como se ha mencionado, junto con las diatomeas es una parte mayoritaria del fitoplancton.

En este grupo van incluidas la zooxantelas, es decir, algas fotosintéticas que viven simbióticamente dentro de animales, como en esponjas, anémonas de mar, corales o moluscos. De esta forma, las algas quedarían protegidas de depredadores y secretan, a su vez, el 50% de sus productos fotosintéticos (principalmente en forma de glicerol) hacia el huésped. Gracias a estas microalgas, es posible la mayoría del crecimiento de los arrecifes de coral. Hay investigadores que sugieren que los mismos corales tienen formas tan complejas para favorecer la llegada de luz a estas zooxantelas.

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Tridacna, almeja gigante que contiene zooxantelas

Los dinoflagelados también pueden sintetizar compuestos que resultan letales para los animales, interfiriendo en su sistema nervioso, como la saxitoxina, de la que no existe antídoto. Los moluscos se alimentan sin problemas de estas algas, almacenando la toxina sin ser dañados. Sin embargo, si una persona ingiriera a su vez a estos moluscos, moriría a las doce horas sin poder ponerle remedio.

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Gonyaulax, dinoflagelado que produce saxitoxina

Las conocidas como “mareas rojas” en el agua de mar también están causadas por estos organismos, debido a que contienen pigmentos accesorios (xantofilas) de color amarillento y rojizo. Estas mareas suelen activarse por la introducción de nutrientes en la superficie del agua, como por desechos de fertilizantes agrícolas o de estiércol de ganado. También puede producirse por el viento, que remueve el fitoplancton. Como resultado, se da envenenamiento de peces y otros animales. Esto puede ser a lo que se refería la Biblia  con la primera de las plagas que asoló a Egipto.

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La marea roja se observa en la parte izquierda

Algo parecido se da con factores de bioluminscencia. Algunos dinoflagelados tienen esta propiedad, por acción de la luciferina. Cada célula produce un destello por día, que puede brillar vagamente durante algunos períodos cuando se la perturba, como al remar. La combinación de luz de millones de estas algas es suficiente para hacer que los océanos brillen durante la noche.

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Fitoplancton bioluminscente

Algas pluricelulares

Ahora sí, volvamos al principio. ¿Como distinguimos un alga de una planta acuática? En primer lugar, cuando hablamos de plantas en sí, nos estamos refiriendo a los cormófitos, es decir, aquellos que presentan raíz, tallo y hojas. Para distinguirlas, las algas pluricelulares que se asemejan a estos cormófitos cuentan con las siguientes características:

  1. Tienen rizoides: son algo distintos a las raíces. Menos profundos, formados por filamentos (filas de células) muy finos, semejantes a tubos ramificados.
  2. Tienen filoides: tiene similitudes morfológicas con las hojas normales de los cormófitos, pero suelen ser aparentemente distintas.
  3. Tienen cauloide o estítipe: una especie de tallo, a menudo hueco, que no suele encargarse de sostener a los filoides como pasa en las plantas terrestres, ya que quien los sostiene es el agua misma.
  4. Los rizoides, filoides y cauloides CARECEN  del tejido vascular característico de las raíces, tallos y hojas verdaderas.

A continuación, un pequeño resumen de las clases de algas pluricelulares que existen, distinguidas, como señalé antes, por sus pigmentos fotosintéticos:

Algas pardas, filo Phaeophyta. La mayoría son marinas. Dentro de este grupo están las laminarias gigantes, así como especies diminutísimas, como la costra negra, que parece alquitrán.

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“Bosque” de Macrocystis, laminaria gigante

Algas rojas, filo Rhodophyta. Podrían haber sido los primeros eucariotas en formarse mediante endosimbiosis con procariotas fotosintéticos, es decir, los primeros en incorporar cloroplastos a su organismo. La mayoría viven en medio marino, pero unas 100 viven en aguas dulces. De ellas se extrae el agar, un espesante utilizado para medios de cultivo o como gelatina en la cocina.

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Rhodymenia pseudopalmata

Algas verdes, filo Chlorophyta. La mayoría viven en agua dulce, aunque algunas forman parte del fitoplancton o viven pegadas al sustrato en el medio marino. Hay otras que son terrestres y viven en lugares húmedos y protegidos, incluso en la nieve, en lo alto de las montañas del oeste de Norteamérica, donde se puede percibir un color rojizo y un olor a sandía por la mezcla de estas algas con otras cianobacterias.

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Chlamydomonas nivalis, nieve con olor a sandía

Dentro de este filo encontramos la clase Chloropyceae, que suelen ser unicelulares o coloniales. También está la clase Ulvophyceae, donde encontramos la Ulva o lechuga de mar, que puede verse en zonas expuestas cuando la marea está baja. Por último, la clase Charopyceae, que comprende desde unicelulares y coloniales hasta pluricelulares. Esta clase sería el alga más emparentada con las plantas terrestres, compartiendo un ancestro común.

Posidonia oceanica

¿Te acuerdas de las “algas” que se acumulan en la playa del Mediterráneo de las que hablé al principio? Bueno, no es un alga, eso lo primero, sino una planta marina, y se llama Posidonia oceanica. Cuenta con raíz, tallo y hojas, aunque pueda no parecerlo, y por eso se la considera un cormófito.

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Aparte de por su similitud a las algas, quería mencionar esta especie por su gran importancia en el ecosistema Mediterráneo. Las praderas que forma constituyen un refugio para los animales acuáticos que lo habitan, evitan la erosión, limpian las aguas y, en resumen, sustentan la vida actual de ese mar. Sin embargo, con la pesca abusiva, que usa redes de arrastre y anclas, estas praderas se ven dañadas y, puesto que necesita unos cien años para regenerarse, corre un grave peligro.

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Pradera de Posidonia

Además, hay errores humanos que pueden llevar al desastre (y de hecho ya lo han hecho). Las algas tienen formas de reproducirse que pueden llegar a ser bastante invasivas. En un acuario de Francia habían llevado Caulerpa taxifolia, un alga que depuraba bastante bien el agua y mantenía limpio el medio artificial que habían creado allí. Sin embargo, dejaron salir ese agua por los desagües sin ningún tipo de filtro, desagües que desembocan directamente en el Mediterráneo. La Caulerpa taxifolia se extendió por el fondo marino, desplazando a la Posidonia oceanica. Cuando trataron de enmendar el error arrancándolas, descubrieron que eso no hacía sino extender más su propagación. Esto es porque la Caulerpa puede reproducirse por segmentación: un pequeño trozo se separa del organismo principal al romperse y va a establecer un nuevo organismo un poco más lejos. Por eso, al arrancarla y segmentarla, los trozos se extendían y formaban nuevas praderas invasoras.

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Caulerpa taxifolia

Así pues, ya ves que las algas pueden llegar a ser fascinantes, como cualquier otro ser vivo. Y sí, lo sé, no he hablado del alga usada para hacer el sushi… ¿Qué demonios? ¡Hablemos!

El alga nori

Las algas rojas del género Porphyra actualmente pueden cultivarse para poder comerciar con ellas fácilmente, pero antes eran todo un misterio. Sólo se la podía recolectar de Japón, pues no había manera de entender su ciclo biológico, bastante complejo. No fue hasta que una ficóloga británica, la doctora Kathleen Mary Drew-Baker  (llamada en Japón “La Madre del Mar” como agradecimiento) consiguió desentrañar el misterio de este ciclo y, así, el comercio de este alga se extendió como la espuma.

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Katheleen en el laboratorio

Si eres un amante del sushi, ya puedes ir dándole las gracias a esta Madre del Mar, porque si no estarías bastante triste ahora mismo.

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Y, ahora sí, me despido. Espero que hayas entendido todo y, si no, las quejas y reclamaciones en los comentarios o por Twitter. Estaré encantada de sacar el hacha… Metafórica, no voy a hacerte nada. Aún.

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2 comentarios en “Algo más que algas

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