Reto 23. De muy lejos

Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.

Nada, no le queda nada.

Cruzó el portal con esa esperanza, precisamente. No quería que ninguno de los cabos sueltos que dejaba en su mundo la siguieran a este y, por eso mismo, programó su más preciado invento para que cerrara el portal una vez lo hubiera atravesado. Dos segundos después, iniciaría la secuencia de autodestrucción y no dejaría ningún rastro de todo su trabajo.

Aurora contempla el paisaje que se extiende ante sus ojos. Mira el cielo, cubierto de nubes densas, y se pregunta cuánto tardará en ponerse a llover. Distingue a través del gris algodonoso dos puntos luminosos, uno del tamaño del sol que conoce y otro, mucho más pequeño. Ya había hecho expediciones antes, claro está, y sabe que alrededor de este planeta giran dos soles. Tampoco es que haya podido hacer demasiados cálculos antes de que…

Da igual. Lo importante es que ahora puede empezar de cero y estudiar su gran descubrimiento al mismo tiempo. Al fin y al cabo, es lo que quería.

Dirige su vista hacia las anchas praderas que lo cubren todo. Al fondo, unas altas montañas recortan el horizonte. No se aprecian asentamientos humanos, aunque Aurora sabe que los hay. Es un mundo paralelo, eso también lo sabe. Lo que no sabe es si sigue las mismas leyes que el universo que ella conoce. Respira hondo, comprueba su mochila de montañera resposando sobre sus hombros y echa a andar.

Al cabo de unos largos minutos, empieza a notar el calor seco sobre su piel, colándose por la ropa. No tarda en ponerse a sudar y es entonces cuando descubre algo muy extraño: el sudor no resbala por su cuerpo y cae al suelo, sino que hace eso mismo, pero al revés. Las gotas suben hacia el cielo a la misma velocidad a la que caerían si estuviera en su mundo. Aurora no puede creer lo que ve.

Mira embobada las nubes. ¿Y si…? No, es imposible. Y, sin embargo, está ocurriendo. No sabe qué pensar y se sienta un momento sobre la hierba, cavilando y observando a su sudor subir a lo alto.

¿Te has perdido?

Casi da un respingo cuando aquella voz le salta por la espalda. Se gira y se encuentra con una cara redonda y sonriente, salpicada de pecas y enmarcada por unos mechones oscuros y rebeldes. Lleva una túnica ancha que no le permite dilucidar si es una niña o un niño.

—Hola, ¿pequeño? —la criatura ladea la cabeza, algo sorprendida—. ¿No? Lo siento, no sé cuál es tu sexo.

¿Eso es importante para ti? parece realmente asombrada. ¿De qué lugar lejano vienes para hacer semejante pregunta a un infante?

No… Yo… Es igual zanja el tema para evitar meter más la pata. Se le ocurre un forma de plantear su otra duda. ¿Te enseñan por casualidad en la escuela qué fenómeno es este, que hace que el agua suba hasta el cielo?

Claro responde el infante, muy contento de poder demostrar sus conocimientos. El agua se mueve por medio de la ley de fluidos inorgánicos. Cuando un fluido no forma parte de un cuerpo, ya sean animales, plantas y demás seres vivos, este sube al gran océano.

¿Océano? ¿Las nubes son un océano?

No, claro que no aclara la pequeña criatura. Ahora está nublado en esa parte del océano, pero cuando se despeja, se puede ver el azul marino brillar. ¿Eres maestra?

Mmm… Sí, algo así contesta Aurora, pensando que es mejor seguirle la corriente. Pero entonces no hay ríos ni lagos.

¿Ríos y lagos? ¿Qué es eso?

La física niega con la cabeza para que lo olvide y saca su cantimplora de la mochila. El calor y la charla le han dado sed.

Por cierto, no te he preguntado cómo te llamas le dice al infante.

Suri. ¿Y tú?

Aurora. Encant… ¡Oh!

Ha desenroscado el tapón y el agua sale disparada hacia arriba. Trata de atraparla, sin éxito, bajo las risas infantiles de Suri.

Realmente debes de venir de muy lejos jadea cuando se le ha pasado el ataque. Ven, anda, te enseñaré a beber… Aunque será la primera vez que le enseñe a un adulto.

Aurora le sigue a través de la pradera. Observa que no lleva calzado, posando sus pies ligeramente sobre la hierba y dando algún que otro brinco mientras avanza. Suben por una suave colina, coronada por unas piedras dispuestas en círculos. Le recuerdan a los lugares sagrados de los antiguos druidas. Suri le sonríe y se mete dentro del círculo. De repente, sale disparada hacia arriba y se pierde entre las nubes.

Debes de estar de broma murmura Aurora.

Vacilante, mete un pie en el círculo. No nota nada. Sin querer pensarlo más, da un paso para estar dentro de él y siente cómo una fuerza la impulsa hacia arriba. Cuando atraviesa las nubes siente su humedad pegándose en su ropa y calándola levemente. De pronto, la fuerza cesa y cae. Pero cae hacia arriba. Nota una superficie rocosa bajo sus manos al tratar de levantarse y se da cuenta de que está sobre un peñasco en medio del océano. Mira hacia abajo, que ahora es arriba. Entre las nubes distingue el verde de las praderas, como un cielo esmeralda.

¿A que es bonito? le dice Suri a su lado.

Sí…

Vuelve su vista hacia el océano y lo que ve bajo sus aguas increíblemente cristalinas la deja boquiabierta. Miles de peces, grandes mamíferos marinos, algas y demás criaturas nadan sosegadamente bajo sus pies. A lo lejos, llega a vislumbrar los dos soles. Su luz sale del océano, como en las piscinas de su mundo que se iluminan por la noche. Un diminuto pez morado berenjena salta a la superficie para cazar un insecto que revoloteaba por allí. Aurora se inclina para tocar el líquido de la vida con la mano. Está fresco.

Ahora sí puedes beber le explica Suri.

Aurora ahueca las manos y coge un poco de agua. La acerca a su nariz para olerla. ¿Y si en ese mundo beben agua salada? ¿Y si no hay agua potable para ella y muere de deshidratación?

Lentamente, mete sus labios en el fluido líquido y los abre, probándolo. No sabe salado. Es agua dulce. Un océano de agua dulce. Alza la cabeza para mirar sorprendida a Suri.

Definitivamente vienes de muy lejos, Aurora.

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6 comentarios en “Reto 23. De muy lejos

  1. Aplausos cibernéticos! Me ha gustado mucho el mundo que has creado de una forma tan directa y clara. Todo el rato estaba pensando en la entrada que hiciste sobre la fantasía, la imaginación nos permite inventar un océano de agua dulce en el cielo y nadie puede venir a contradecirlo. Maravilloso, de verdad, un texto muy bonito. Me quedo con las ganas dr saber por qué Aurora quería irse de su planeta. Un abrazo!

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