Escaleta Fresno (I Torneo Remolachachi)

Vamos con el cuarto día. ¡Ya queda menos!

¿No sabes de qué va esto? Echa un vistazo a esta entrada.

Aquí los participantes en esta ocasión, están deseando salir ahí fuera: Diego Lithsun (@Lithsun, blog: Casi cuerdo), Guille (@ResistenciaLect, blog: Resistencia Lectora) y Aitziber Conesa (@duxiet, blog: Danza de Letras).

Esta escaleta ha sido escrita por Miriam Torres (@mimethai13): Escaleta Fresno

Lisa y el Hada – Diego Lithsun

Lisa vivía en un barrio muy tranquilo y acogedor fuera de una gran ciudad, junto con su amiga el Hada de la Noche, habían visto como el progreso iba reemplazando las lamparas amarillas que tanto les encantaba, para poner las frías luces blancas, también tenía a Morty, su loro mecánico parlanchín, que era uno de los mejores amigos de Lisa.

Una noche, cuando tan solo quedaba una farola amarilla justo frente a la ventana de la casa de Lisa, que el Hada llegó, tenía un gesto triste y meditabundo, y aunque Lisa no entendía del todo, sabía que algo pasaba.

—¡Morty me dijo que quiere viajar de nuevo al mundo de las estrellas!, quiere visitar de nuevo a la Estrella Polar y preguntarle si podemos hablar con la Luna.

El Hada sonrió fugazmente y suspiró, mientras miró a Lisa con gesto cariñoso, habló con una voz gentil

—El mundo está cambiando demasiado deprisa, Lisa, la magia en este lugar casi ha dejado de existir, ni siquiera tu sala de juegos, donde mi magia es más fuerte, permanecerá así para siempre, quizás esta sea la última vez que nos veamos.

Lisa miró con tristeza su amiga que durante años la había hecho conocer cientos de mundos distintos, sintió por primera vez en su estómago una puntada, quizás no fuera algo físico, quizás sí, pero sintió como si un peso comenzara a aparecer sobre sus hombros, sus ojos se apagaron durante un instante, con la tristeza que solo un niño volviéndose adulto puede entender, pero de pronto la llama de su entusiasmo explotó y sonrió como no lo había hecho nunca.

—Si esta va a ser nuestra última noche de juegos, será la mejor que hayas tenido— dijo con entusiasmo renovado.

Fue así como jugaron durante horas, no visitaron ningún mundo, la magia del Hada de la Noche no era suficiente, pero Lisa le enseñó mundos que el Hada no conocía, le mostró lugares a los que ella tardaría meses en llegar volando, vieron animales adorables en extraños aparatos que el hada no entendía, y cuando el sol comenzaba a amenazar con iluminar todo, el Hada miró a Lisa y sonrió.

—Déjame concederte un último deseo, usaré toda mi magia disponible antes de partir hacia mi reino, para que así jamás me olvides.

Lisa miró al hada y pensó durante varios minutos, y de pronto la duda que albergaba en su corazón floreció, y casi sin proponérselo, pidió con voz dudosa.

—¿Puedes darle vida a Morty?, pero de verdad, quiero que sea un ave de verdad.

El Hada miró a Lisa, nerviosa por primera vez en siglos, y suspiró como suspiran alguien que tiene mucha experiencia y sabiduría.

—¿Realmente es lo que quieres, Lisa?, Morty no fue creado con una esencia, si lo hago, las consecuencias podrían traerte más lágrimas que risas.

Lisa miró al Hada y durante un instante estuvo a punto de pedir otro deseo, pero las ganas de tener a que su mejor amigo tuviera vida eran mayores, entonces asintió.

Un gritó despertó a Lisa, esa voz alterada sin dudas era de su madre.

—¡Lisa! —sintió que gritaba su madre.

Lisa, bastante preocupada, rápidamente bajó de la cama y se dirigió hacia el cuarto de juegos, al llegar la escena la sorprendió, aunque no precisamente por algo malo. Morty revoloteaba en su jaula, frenético, mientras agitaba sus alas y miraba a Lisa, emitiendo pequeños gorgojeos alegres, vio que en el suelo de la jaula había varias plumas, y donde la pintura áspera y lisa formaba el pecho de Morty, ahora se veía un plumón más que suave y mullido.

—Lisa, ¿cómo metiste un loro ahí adentro? ¿Qué dijimos de los animales en la casa? —dijo Melisa, la madre de Lisa.

Ella quería mucho a su madre, pero una vida dedicada a los números la habían hecho, quizás, un poco más fría de lo que a Lisa le hubiese gustado. Lisa se acercó a la jaula con dudas y miró a Morty, mientras hablaba con voz muy baja.

—Fue el Hada de la Noche, ella transformó a Morty en un loro real.

La madre, bastante enfadada con ella la miró debatiéndose entre castigarla y no romper la magia de los niños, terminó por arrodillarse a su lado y acariciar su hombro.

—Sabes que no podemos tener animales vivos aquí, Lisa, cuando llegue tu padre hablaremos.

Lisa la miró sorprendida, abriendo varias veces la boca para intentar convencerla de lo contrario, pero un nudo se hizo en su garganta al saber que se desharían de Morty, de su mejor amigo. El resto del día Lisa pasó en un silencio abrumador para alguien que había sido tan alegre como era ella, siempre rodeada de risas y palabras. Sintió por primera vez en su corazón el dolor que causaban las despedidas, y supo entonces y comprendió que a veces la peor decisión era no hacer nada por aquello que quieres. Bajó en silencio hacia el cuarto de juegos y se sentó frente a la jaula de su mejor amigo, mientras hablaba en voz baja, casi un susurro.

—No quiero que te vayas, Morty, quiero que te quedes siempre conmigo, que sigamos siendo amigos, pero papá no te va a dejar quedarte.

El atardecer estaba llegando mientras veía como frente a su casa reemplazaban la última farola amarilla que quedaba justo cuando el coche de su padre giraba por la rotonda. Los arboles desnudos dejaban ver todo el vecindario, Lisa pudo ver como todos parecían ajenos al dolor que sentía ella y se preguntó cómo el mundo permanecía tan indiferente si ella tenía tanto dolor.

—Lisa, ¿puedo entrar? —dijo su padre golpeando su puerta despacio y sacándola de sus pensamientos.

Casi sin avisar Lisa hundió su cara en el pecho de su padre, y lo abrazó con fuerza mientras comenzaba a llorar, su padre la miró suspirando profundamente y acarició su cabello con gesto compasivo y habló con voz suave y sin una pizca de enfado.

—Lo siento, Lisa, pero Morty no es feliz en la jaula, hay que encargarse de él, y sabes tan bien como yo que no podemos tener animales aquí.

Los días pasaron y Lisa pudo ver a su padre hablando por teléfono, luego vio a sus padres hablar sobre el problema de Morty, pero una pizca de terror inundó su corazón cuando vio a su padre cavar un agujero en el jardín de atrás.

El día de la despedida llegó antes de lo planeado, sus padres miraban como Lisa se despedía de su mejor amigo con gesto preocupado, pero cuando su padre decidió sujetar la jaula, Lisa se apartó con una mirada extraña. Jonathan, su padre, sujetó la jaula para llevarla al refugio de animales, pero de pronto el asa de la jaula se desprendió casi sin aviso, y el golpe contra el suelo hizo que la puerta se abriera, y mientras Morty revoloteaba por el techo dando gorgojos frenéticos, los padres de Lisa intentaban volver a atraparlo. Recorrieron toda la casa ambos padres decididos a atrapar a Morty, mientras su hermano ignoraba lo que sucedía a su alrededor. Lisa se sintió muy feliz, pero a la vez también triste, cuando vio que Morty encontró una ventana abierta y huyó hacia los arboles desnudos, perdiéndose de vista…

—¿Por qué me siento tan triste, si sé que hice lo correcto? —se preguntó Lisa esa misma noche, y esta vez, por una última vez, el viento le trajo una respuesta, y la voz del Hada resonó como una vieja amiga que vuelves a encontrar.

—El dolor de las despedidas es imposible de evitar, pero a veces, la mejor muestra de amor, es dejar marchar a alguien para evitar hacerles daño.

Y por primera vez en días Lisa sonrió, y una pizca de magia ya perdida en este mundo, volvió a iluminar la noche.

El día de los loros vivientes – Guille

¡Hola! Os estaba esperando. Poneos cómodos, que esto está a punto de empezar.

El cuento de hoy tiene lugar en un pequeño pero acomodado barrio, donde a estas horas podemos ver familias volviendo de sus paseos y los parques empiezan a estar tan vacíos como las aulas del colegio que hay a unas pocas manzanas.

La historia empieza en una preciosa casa, de dos plantas, donde la familia Martin ya ha acabado de cenar y disfrutan de unos momentos de tranquilidad antes de ir a dormir. En la planta baja se encuentran Jonathan y a Melisa, los padres. Parece que la serie está interesante, no apartan los ojos de la pantalla. Están cansados después de un largo día en el trabajo, será mejor que los dejemos tranquilos. En la planta de arriba Sam, el hermano mayor, está en su habitación con los cascos viendo el último viral. Tiene la música tan fuerte que ni siquiera escucha a su hermana Lisa hablando en la sala de juegos. Ella está en el centro, desde donde la observan todos los juguetes de las estanterías. Lisa está hablando con Morty, el nuevo miembro de la familia, un loro de colores a pilas que habla desde su jaula. Ella le pregunta cómo está y el animal responde con la voz de la niña “bien, ¿y tú?”. Lisa ríe y acto seguido el loro empieza a cantar.

En el piso de abajo la serie acaba y los padres suben a decirle a Lisa que ya es hora de dormir. Se dan las buenas noches y la pequeña se queda mirando la ventana desde su cama, con Morty en la mesita de noche. Los ojos se le empiezan a cerrar cuando una luz azul entra por la ventana. Ella se despierta del todo y se sienta de golpe. El Hada de la Noche atraviesa la ventana y flota por la habitación tocándolo todo con su brillo mágico.

—¡Buenas noches, Hada! —susurra la niña emocionada.

—Buenas noches, cariño. ¿Quién es este nuevo amigo que tienes aquí?

—Es Morty, me lo regalaron mis padres hace poco.

—Parece que te gusta mucho, me alegro —el Hada le golpea suavemente la cabeza con su varita.

—Sí. Oh, ¿podrías convertirlo en un loro de verdad?

—¿Ese es tu deseo de esta noche? Lisa, cielo, no sé si es buena idea. Piensa que tendrías un animal volando por casa al que tendrías que cuidad, y no sé si todos en tu casa estarían de acuerdo…

—Porfi porfi porfi porfi…

—Está bien, pero ten mucho cuidado con él ahora que estará vivo —el Hada se acerca al pequeño loro y tras dibujar un par de círculos en el aire toca el pico del juguete y este se ilumina—. Ahora duérmete, que mañana cuando te levantes Morty te estará esperando.

El Hada le lanza un beso a la niña y desaparece, dejando un rastro de polvos mágicos en la habitación. Lisa se los queda mirando hasta que cae rendida sobre su almohada.

—Bien, ¿y tú?

Una voz a su lado la despierta. Lisa abre los ojos y se encuentra a Morty dando vueltas en su jaula repitiendo las frases que le había grabado. La niña salta de su cama y abre la puertecita de la jaula, dejando a Morty volar por su habitación. Sam se despierta también al oír los gritos de alegría al otro lado de la pared. Va hacia allí para regañar a su hermana, pero cuando abre la puerta el loro se escapa y baja a la planta de abajo. Lisa corre esquivando a su hermano, que se ha quedado quieto en la puerta sin entender nada, y va en la misma dirección que la nueva mascota. En la cocina se oye un grito. Cuando Lisa entra se encuentra a sus padres en un rincón de la habitación observando al loro con los ojos muy abiertos y preguntando cómo ha podido suceder.

—Ha sido el Hada de la Noche.

Los padres se la quedan mirando un momento, pero vuelven a lanzar la misma pregunta al aire. El loro se ha sentado en la lámpara, desde donde mira la comida que ya está puesta en la mesa. Melisa aprovecha el momento de descanso para coger el periódico y asustar con él al animal, que sale huyendo al comedor. El padre corre y cierra la puerta, dejándolo encerrado. El matrimonio se mira a los ojos y sube a su habitación, dejando a Lisa sola oyendo volar a Morty al otro lado de la puerta. Como no sabe qué hacer con la situación sube las escaleras en silencio y va hacia la habitación de sus padres en silencio, escondiéndose al pasar por delante de la puerta de su hermano. Sam está mandando audios a todos sus amigos explicándoles lo que le acaba de pasar y no la ve arrastrándose por el suelo.

Lisa apoya la oreja contra la puerta de sus padres y oye los gritos de ambos. Su padre dice que no pueden tener un animal volando por la casa a su antojo, mientras la madre piensa qué hacer con él. Está buscando el número de una protectora de animales cuando él tiene una idea. Lisa se aparta de la puerta y corre a su habitación para que no la vean. Coge la jaula que aún descansa sobre su mesita de noche y baja al comedor.

—Morty, porfa, metete en tu jaula. Papá y mamá no quieren que estés aquí, si te portas bien igual los convencemos.

Morty da un par de vueltas en el aire y se mete en la jaula. Lisa se asegura de que está bien cerrada y al pasar al lado de la ventana ve a su padre. Se acerca un poco más y lo ve cavando un agujero en el jardín. Ella sale corriendo, pasa de nuevo por delante de la habitación de Sam, donde ya ha vuelto a la normalidad poniéndose sus casos, y se encierra con Morty en la sala de juegos.

—Tú tranquilo, no te va a pasar nada malo —dice abrazando la jaula.

Al poco rato llegan los padres, él con las manos manchadas de tierra, y le piden que les dé al animal.

—Es por tu bien, cariño. Lo llevaremos a un lugar seguro, ya verás.

—Hemos encontrado un sitio perfecto para Morty. Y si te portas call… te portas bien tenemos una sorpresa para ti.

Lisa ha dejado la jaula en el suelo y se coloca delante de ella, para protegerla. Su madre saca el móvil del bolsillo y busca unas imágenes para enseñárselas, pero el padre aparta con cuidado a la pequeña y agarra el asa de la jaula.

—No le pasará nada, ya verás —le asegura él.

En ese momento la jaula cae al suelo y Jonathan se queda con el asa en la mano. Lisa ríe, viendo que su jugada ha salido bien, mientras la puerta se abre y Morty sale volando. El padre salta aún con el asa en la mano para atrapar al animal, pero se tropieza con el caballo de madera que hay en el centro del cuarto y cae al suelo. La madre se agacha y le pregunta si está bien, pero antes de que él pueda responderle ella ya está corriendo tras el loro, que revolotea por toda la casa. Sam se levanta un momento de su silla para cerrar la puerta. Melisa deja el móvil sobre la encimera de la cocina, donde Morty está escondido. Abre todos los armarios y cajones sin encontrar al animal. Ya cansada se apoya sobre la mesa y de una de las sillas aparece Morty, que quedaba tapado por el mantel. Sale volando de nuevo y se cruza con Lisa, que lo ve salir por la ventana abierta del lavabo. Mientras, en la pantalla del móvil que aún descansa sobre la encimera, se ve la imagen de un bebedero de pájaros.

La niña abre la puerta de casa y sale fuera, a tiempo de ver cómo el animal sobrevuela las casas y se pierde en el horizonte.

—Espero que seas feliz, Morty —dice Lisa mientras le cae una lágrima por la mejilla.

Pídele a una estrella (wish upon a star) – Aitziber Conesa

—Para de una vez con ese cacharro, enana. —Era la voz de Sam, el hermano mayor. Su cabeza asomó por el arco que comunica el salón con la entrada, protegida por sus auriculares de DJ—. Así no hay quien se oiga pensar.

—Pero, pero… —balbuceó la pequeña Lisa, casi asustada, apretando contra su pecho su juguete nuevo, un loro de colores chillones dentro de una jaula metálica.

—Pero, pero…  —No era la primera vez que su hermano se burlaba así de ella, pero eso no lo hacía menos doloroso. Una lágrima gruesa rodó por su mejilla rosada. Sam cogió aire. Tenía que parar la llantina antes de que se produjese o no podría llegar a ver el streaming de CharlGoGames así que puso su voz de adulto responsable—.  Sólo digo que es molesto. Yo me voy a mi cuarto y tú puedes jugar aquí, siempre que no grites, ¿vale?

—¡Vale!

Sam se marchó negando con la cabeza, dando la espalda a la luminosa sonrisa de su hermana. Ella separó el juguete de su cuerpo y empezó a dar vueltas por el salón. Saltó sobre los sofás blancos, tropezó con la alfombra  de pelo largo y por poco no destrozó un par de jarrones muy modernos que le daban a la casa un aura de revista de interiores, de inhabitabilidad. Jugó a que el pájaro volaba, aunque la jaula le molestaba un poco. Rio hasta que le dolió el costado y se tiró sobre un sillón de cualquier manera mientras unas lágrimas felices limpiaban su cara.

—¿Somos amigos? —le preguntó al loro de juguete. Alargó el brazo y apretó un botón de la base de la jaula.

—Somos los mejores amigos —dijo una voz infantil mecanizada por unos altavoces no demasiado buenos—. Te quiero, Lisa.

—Y yo a ti, Morty. Ojalá fueras de verdad.

Se quedó un rato mirando la lámpara del salón, cazando una idea, y su sonrisa se fue ampliando mientras se concretaba. Sólo tenía que esperar.

Corrió al mirador y se aupó sobre los cojines que daban al ventanal delantero. Observó cómo cambiaba la luz con el paso de las horas, cómo caían hojas de los árboles —y en cada hoja se sentaba un hada del otoño dispuesta a dormir muchos meses hasta que le dieran su nueva hoja para cuidar— y cómo pasaban los pocos vecinos que se veían por las aceras o en sus jardines delanteros justo antes de entrar en sus casas que eran, igual que la de los Martin, grandes, con porche emparrado y con un precioso camino de losetas sobre el césped verde.  Lisa quería que llegaran sus padres, pero sobre todo quería que llegara la noche. Porque, como todo niño pequeño sabe, la noche es mágica.

Lisa estaba acostada en su cama, tapada hasta la punta de la nariz con una colcha blanca y azul, suave y blanda como una nube. Esperaba, por supuesto. Esperaba a la medianoche, al momento entre momentos cuando era más fácil ver a las hadas —eso lo sabía porque era amiga de muchas, pero especialmente de una, del hada de la noche—. Oyó un suave tintineo y supo que la vería aparecer de un momento a otro. Se incorporó en el momento en el que el Hada de la Noche se materializaba en su cuarto, vestida con telas de negro cielo y luz de estrellas.

—Buenas noches, dulce flor —le dijo como cada noche el hada—. ¿Tienes un deseo para esta estrella?

El Hada de la Noche concedía una gracia cada noche a Lisa, siempre que ella tuviera algo que desear. Podía ser cualquier cosa, grande o pequeña. Por supuesto, Lisa era consciente de que no era bueno abusar. Primero, porque todos los deseos tienen consecuencias; segundo, porque no quería que su amiga se cansara mucho haciendo magia por ella. Así que Lisa no solía pedirle deseos a su amiga. Tal vez por eso el Hada de la Noche se sorprendió cuando la pequeña le contestó:

—Buenas noches, Hada de la Noche. Tengo un deseo hoy, si se puede cumplir.

—Cuéntame que quieres, y yo pondré la magia a trabajar.

Lisa se levantó y cogió a Morty de su estantería. Lo llevó junto a la ventana para que le iluminara la luna, porque todos saben que las hadas nocturnas lo pueden todo si las baña esa luz.

—Quiero que conozcas a Morty —dijo la niña —. Es mi juguete, y lo quiero mucho. Es casi de verdad. Y sabe hablar, aunque lo haga con mi voz. Quiero que sea mi amigo, pero no porque es mi juguete. Quiero que sea de verdad y hable conmigo.

El hada sonrió.

—¿Estás segura de eso?

—Totalmente

—Sabes que perderás un juguete, si se hace de verdad.

—Si —Lisa intentó que su voz sonara muy segura.

—Y que, si es tu mascota en vez de tu juguete, tendrás que cuidar de él. —La pequeña miró la jaula un poco asustada —Tienes que limpiarle y darle comida y agua. Y pueden pasar cosas malas. Puede enfermar, y tal vez morir, porque eso es lo que les pasa más pronto o más tarde a todos los seres vivos. Puede escaparse y no volver, y entonces perderás un amigo. Puede romper cosas, y entonces tus papás o Sam se enfadarán contigo. Puede que a tu familia no les guste.  ¿Estás segura de que es lo que quieres?

—Total, absoluta y definitivamente. Sí.

El Hada de la Noche rio ante la seguridad que demostraba Lisa.

—Entonces duerme, dulce flor. Y mañana será otro día.

Lisa abrió los ojos a la mañana siguiente, alertada por un sonido rítmico, seco y suave. Como un flop-flop-flop que venía de su ventana. Se levantó y corrió a coger a Morty, su juguete favorito. Solo que ya no era un juguete. Morty era un precioso loro, un loro de verdad que ladeó la cabeza y abrió el pico enseñando su lengua. Dio un gritito de alegría y abrazó la jaula, provocando un nuevo batir de alas del pájaro.

—¡Te quiero, Morty!

—Quiero , ero, te quieero

En ese momento, la madre de Lisa abrió la puerta del cuarto y vio la escena: la niña en pijama abrazando una jaula con un loro enorme y asustado dentro.

—¡Suelta eso, Lisa! ¿De dónde lo has sacado? —dijo Melisa Martin, y continuó sin dejar que su hija respondiera—: Esto no puede ser. Qué criatura más sucia.
Melisa se fue a buscar a su esposo, dando gritos por la casa y volvió con él al cuarto. Jonathan Martin miró al loro, miro a Lisa y le preguntó.

—¿Qué es esto, Lisa?

—Es Morty

—Morty es un juguete, Lisa. Y esto es un animal —le riñó su padre—. Sabes que mentir está mal. Y que no queremos animales en casa. No te lo puedes quedar.

—¡Pero papá! ¡Es Morty de verdad! El Hada de la noche… —explicó Lisa, pero ya no la escuchaban. Estaban ocupados discutiendo los planes para Morty y los castigos para ella por mentirles.
El padre cogió la jaula, que la madre miraba con aprensión, y la llevo al cuarto de juegos, donde no había moquetas o alfombras que manchar.

Lisa bajó a desayunar triste y pesada. Ella había deseado un amigo, y ahora tenía un problema. ¿Por qué no podían sus padres aceptar a Morty?, se preguntaba. Ella sabía que Morty era bueno, era su mejor amigo. Pero sus padres no lo querían porque pensaban que era sucio y molesto. Lisa miraba por la ventana de la cocina, que daba al patio trasero, mientras pensaba en qué harían sus padres ahora con Morty y con ella. Vio a su padre pasear por el jardín, como si midiera algo, y después ir a por una pala. Con decisión, el hombre clavó la pala en la tierra y empezó a cavar. Es una tumba, pensó Lisa de repente. Harán daño a Morty.

Lisa se levantó y corrió a la sala de juegos. No podía permitir que le pasase algo malo a Morty, era su responsabilidad. Llegó jadeando al pie de la jaula y forzó una sonrisa.

—Te quiero, Morty.

—Te quieee, eero

—No puedes quedarte aquí, Morty. Te quiero, y por eso tengo que ponerte a salvo. Estarás a salvo si vuelas, así que lo que haré será ir y abrir la ventana. Luego vendré aquí y abriré la jaula y tú tienes que irte volando por la ventana. ¿Lo has entendido?

—Eeero  endid

Lisa decidió que aquello significaba que sí, así que se subió a una silla y deslizó con esfuerzo la cancela de la ventana. Después de bajar de un salto empujó los vidrios para que se abriera de par en par. Entonces arrastró la silla hasta Morty y se subió a ella para abrir la jaula. Estaba intentando aflojar el pasador cuando su padre abrió la puerta del cuarto.

—¿Qué haces ahí, nena? Apártate del pájaro. Papá se encargará de todo ahora mismo. —Lisa estaba aterrorizada. Unas lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos ante aquel hombre que no reconocía como su padre—. Lo llevaremos a un refugio  donde hay otros como él. Así tendrá amigos.

—Yo soy su amiga —gimió la pequeña.

—Lo sé. Pero resulta que estos loros necesitan tener muchos amigos o se ponen tristes y enferman, ¿lo sabías? Así que aparta para que me lo pueda llevar.

Jonathan Martin cogió la jaula con dificultad, sorteando a su hija que parecía haberse quedado helada. Da unos pasos y la puerta de la jaula se abrió, al fin, después de todos los esfuerzos de Lisa, Morty voló libre.

—¡Cógelo! —le dijo Jonathan a Lisa mientras se lanzaba a por el loro que volaba cada vez más asustado, soltando plumas a cada aleteo.
Los graznidos del loro y los golpes contra los muebles alertaron a Melisa, que apareció por la puerta y se unió a la caza. Al otro lado del pasillo, Sam seguía su rutina diaria mientras escuchaba música, sin darse por enterado.
Lisa estaba muy preocupada porque sentía el miedo de su amigo. No quería que le hicieran daño intentando atraparlo. De no haber estado tan preocupada se habría reído mucho del espectáculo de sus padres saltando detrás de un pájaro.
En medio de la confusión, Jonathan tropezó con un caballo de madera. Cayó cuan largo era y el choque de su cuerpo contra el parqué hizo saltar a todos los juguetes pequeños. En ese momento, Morty salió por la ventana y se alejó mientras Lisa observaba su silueta contra el cielo. Empezó a llorar quedamente.

—Era mi amigo —sollozó cuando su padre se acercó a ella para consolarla.

—Lo siento, cielo.

Lisa se limpió las lágrimas con la manga del pijama. Ahora los dos tenían la posibilidad de vivir plenamente. Dibujó en su rostro una sonrisa triste. Morty necesitaba más de un amigo, necesitaba ser libre, y eso sí se lo había dado.

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4 comentarios en “Escaleta Fresno (I Torneo Remolachachi)

  1. ¡Esta escaleta es super mona! La verdad es que los tres relatos están muy bien y el principio del segundo me parece muy original, pero al rato pierde la voz de un cuento narrado. Del primero me ha gustado la presentación que le ha hecho al Hada de la Noche. De todos, me parece que es que mejor incluye el tema del deseo. Aun así me voy a quedar con el de Aitziber. Me parece el más tierno y emotivo de los tres. Es también la que más a explicado el vínculo de la niña con el loro y lo importante que era para ella que fuese real. Pero ha sido difícil elegir, ¡buen trabajo!

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  2. El último relato es el que más me ha gustado, primero porque la conversación con el Hada se me ha hecho más un cuento y segundo porque la voz de la niña realmente parece una niña. Es el relato que he sentido más hilado, no se notaba tanto que estuviese siguiendo pautas estrictas. Así que votaré por él 😀

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