Escribiendo el futuro 1. Alimentación

¿Cómo podrá ser la alimentación en el futuro? ¿Vamos a morir de hambre? ¿Comeremos lo mismo que en la actualidad? Quizá te hagas estas preguntas porque tienes el espíritu curioso, o tal vez se te presenten a la hora de crear historias. Sea como sea, con esta entrada intentaré dar respuesta a algunas de estas inquietudes con mis humildes conocimientos.

Antes de empezar, me gustaría aclarar que voy a centrarme en la agricultura, ya que es donde más especializada estoy. La ganadería es harina de otro costal. Sin embargo, más adelante hablaré de comida sintética y ahí se tratará el tema de alimentos de origen animal.

Por supuesto, todo de lo que hablo sobre el futuro serán previsiones, de ninguna manera puedo asegurar que esto acabe sucediendo así.

¿Todo bien? Comencemos.

Problemas de la agricultura

¿Cuál es el principal problema que encontramos a la hora de alimentar al mundo? Todo se resume en la producción: puede ser insuficiente. Muchas bocas que alimentar y un terreno limitado en el que cultivar. ¿Qué nos ofrecen los distintos tipos de agricultura?

Agricultura convencional

No, no estamos hablando de la típica imagen de un agricultor con una azada. Actualmente hay grandes máquinas que se ocupan de eso: los tractores. Se necesita arar el suelo para conseguir mullirlo, airearlo, enterrar malas hierbas, eliminar la costra superficial… También, son necesarios para cosechar, podar o aplicar fitosanitarios (tratamientos para las plantas). En definitiva: necesitamos los tractores si tenemos una gran extensión y no querermos partirnos el lomo. Pero estamos hablando del futuro, donde no habrá más combustibles fósiles por aquello del cambio climático. ¿Tractores eléctricos? Esperemos. Pero no, aun así seguiríamos con problema serio: la destrucción del suelo. Tanto procesado del mismo lo deteriora poco a poco, además de que el uso de herbicidas no le hace ningún bien, llegando incluso a dejarlo estéril. Bien, entonces… Oh, sí: ¡fertilizantes!

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Así se cosecha el algodón actualmente. Casi todos los procesos están mecanizados.

Seguramente te suenen los problemas que suele haber con estos productos, al margen de que la gente los tenga como demonios que hacen que las plantas sean más “químicas”. Hacedle un favor a todos los científicos del planeta y no uséis esa palabra para las sustancias sintetizadas artificialmente, por favor. El inconveniente, entonces, de los fertilizantes, es la contaminación del entorno. Por mucho cuidado que se ponga, los nutrientes incorporados acaban inflitrándose por el suelo, llegando al agua de acuíferos y ríos y liándola bien parda. Hay muchas más desventajas, pero no me extenderé más en el tema. Simplemente estamos suponiendo que en nuestro futuro será esencial cuidar el medio ambiente para que las condiciones de la Tierra no se vuelvan hostiles para nuestra supervivencia.

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Tractor fertilizando el terreno.

Además de todo esto, hay otro problema: los monocultivos. Cultivar la misma variedad de la msima especie en hectáreas y hectáreas sin intercalarla con ninguna otra quizá sea útil para el manejo de maquinaria, pero esto las hace muy vulnerables a las plagas, que se encuentran todo ese alimento frente a sus narices, o a enfermedades, claro. Así, nos encontramos con que toda la producción se nos ha ido al traste.

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Un monocultivo muy extendido es el del maíz.

Bien, bien, entonces la agricultura actual descartada. ¿Y ahora?

Agricultura ecológica

Bien, como parece que hay discrepancias y límites difusos en cuanto a qué significa esto de ecológica, nos limitaremos a definirla como una agricultura que causa el menor impacto medioambiental posible. Como tal, la agricultura ecológica no usaría maquinaria (o casi ninguna, quizá un arado de vez en cuando, poco invasivo para el suelo). Por lo cual, no haría falta tanto fertilizante, porque además se usaría humus, compost… Es decir, abonos de origen orgánico. Esta agricultura se basa en el ciclo de naturaleza: lo ideal es acabar siendo autosuficiente, de forma que todos los restos que no consumiríamos se destinarían a crear ese abono, que retornaría al suelo y cerraríamos así el círculo. Es viable a largo plazo, sí.

¡Ajá! Pero estábamos hablando de problemas, y en este caso el mayor de ellos son las plagas. Hay algo que no he mencionado antes: en la agricultura convencional se utilizan pesticidas, que pueden ser perjudiciales tanto para el entorno (por alterar la fauna insectívora), como para nuestra salud si no se tiene cuidado con los protocolos de seguridad alimentaria. Por lo tanto, la ecológica no puede usar estos métodos. Sí, tiene formas de controlar las plagas, previniéndolas no usando el monocultivo, intercalando una plantas con otras y asociándolas, o con trampas para insectos, usando remedios de origen orgánico una vez más. Aun así, no es tan eficaz como los pesticidas y la producción se ve afectada. Además, tenemos el inconveniente de las malas hierbas, no podemos usar herbicidas. También se usan métodos más “naturales”, como una cubierta vegetal en vez de suelo desnudo para que crezca el menor número de hierbas indeseadas.

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La permacultura es un tipo de agricultura ecológica.

Así que no, tampoco es la opción definitiva para nuestro futuro. SIN EMBARGO, ¿y si en nuestra historia ha habido un apocalipsis o la población ha disminuido drásticamente por alguna movida? Entonces la producción quizá no sea tan importante y, teniendo en cuenta que este método se vale de recursos que podemos encontrar en la naturaleza y no requiere de herramientas sofisticadas para hacerlo, la agricultura ecológica sí podría ser una buena opción.

Así pues, ¿no hay nada que podamos hacer contra todos estos estorbos en nuestra producción? Hablemos del futuro.

Planes que ya están en marcha

Transgénicos

Ay, mis pequeños incomprendidos. Tan jóvenes (y a la vez tan viejos) y la gente tratándolos como auténticos demonios. Vamos a dejar clara una cosa desde ya mismo que nunca me cansaré de repetir: la ciencia es una herramienta, la ingeniería genética, por tanto, también lo es. Como cualquier herramienta, puede usarse bien o mal. Por desgracia, el mal uso de esta técnica ha eclipsado todas las ventajas que nos puede ofrecer. Y son muchas.

En primer lugar: llevamos haciendo esto durante siglos, aunque no actuando directamente sobre el genoma, claro. Modificamos plantas y animales a nuestro beneficio para poder sacar más provecho de ellos. Esto, como podrás imaginar, también puede estar bien o mal hecho, pero no nos meteremos en eso. ¿La diferencia con la ingeniería genética? Que en vez de esperar quinientos años hasta tener las cualidades que buscábamos desde el principio, podemos hacerlo con seis años de investigación. Evidentemente, esta técnica aún está algo en pañales, más bien en su infancia, pero actualmente ya nos aporta grandes cosas, aunque a cuentagotas, por culpa de la actual legislación y el miedo que le ha cogido la gente. De hecho, si la investigación en sí dura unos seis años (o menos, si se tiene mucho interés en que salga adelante), la burocracia necesaria para que se legalice ese transgénico es de unos siete años.

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La soja es una de las plantas transgénicas que hay actualmente en el mercado.

¿Plagas? Cojamos el gen o genes que permiten a esta planta resistir a este insecto y pongámoslo en la que nos interesa. Adiós pesticidas. ¿Sequía? ¿Queremos determinados nutrientes? Lo mismo. Se puede pensar que esto es jugar a ser dios, pero repito que esto actualmente está muy limitado. El campo de la genética trae aún muchos quebraderos de cabeza y es muy complicado conseguir lo que se busca. Pero si tenemos en cuenta que queremos hablar del futuro, es de esperar que todo esto acabe salvándose y se desarrolle lo suficiente como para que todos los problemas queden resueltos.

Evidentemente, no me seáis melones. Estas plantas no se soltarían a la naturaleza, deberán estar bien reguladas. No queremos desastres medioambientales, de ahí lo de usar bien la ciencia. Personalmente, que se cultiven sin ningún control sin saber aún del todo sus efectos en el resto de plantas (porque fecunden plantas silvestres o hagan competencia a estas) me parece una burrada. Aunque, si estás pensando en alguna historia de desastres, que se hayan descontrolado cultivos de transgénicos puede dar bastante de sí. Ahí os lo dejo, pero por dioh, no los pongáis como Satán, bastante tienen ya con el odio actual.

Cultivo hidropónico

¿Qué más alternativas tenemos? Bueno, quizá hayáis oído hablar de este tipo de agricultura. La principal característica que presentan las plantas cultivadas con hidroponía es que no se usa suelo: los nutrientes se disuelven en agua que circula o en la que se bombea aire para que se oxigene y las raíces no se asfixien. Sí, las raíces también respiran, de hecho, el 90% del suelo está conformado por macroporos rellenos de aire por los que la raíz toma oxígeno.

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Esquema simple del cultivo hidropónico. Imagen sacada de URVEG.

Sin embargo, que no se use suelo no implica que no se use sustrato, aunque deba ser inerte, es decir, que no aporte ningún nutriente a la planta para no desestabilizar las mediciones de lo que le aportamos nosotros. Este sustrato inerte puede ser arena, fibra de coco, turba… Se usa como estructura, para que las raíces de las plantas estén bien asentadas. Aunque hay otras que no la necesitan.

Actualmente, este sistema se usa más con plantas herbáceas que con árboles, dada su envergadura, pero es de esperar que en el futuro este inconveniente sea solventado, ya que es una simple cuestión de estructura.

¿Qué ventajas tiene todo esto? Fácil: al no haber suelo que contaminar, mejor para el medio ambiente. Sin suelo, los problemas de enfermedades se reducen, puesto que controlamos que el agua en el que flotan las raíces no esté contaminada. ¡Y nada de malas hierbas! También le damos a la planta los nutrientes exactos que necesita para ser lo más productiva posible. Además, está ese problema del espacio: aquí es mucho menos limitante, porque en menos espacio podemos tener más plantas.

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El cultivo hidróponico puede ser muchísimo más efectivo si se mantiene en un lugar aislado, donde controlas también el aire, la temperatura, el grado de humedad y la luz que recibe. De esta forma, aparte de conseguir el máximo de productividad, las molestas plagas son inexistentes. Además, habría aún menos problemas de enfermedades, estamos hablando de controlar absolutamente todos los aspectos que actúan sobre el desarrollo de las plantas.

Un ejemplo de agricultura hidropónica es Lufa Farms, auténticas granjas con sistemas hidropónicos que buscan además consumir la menor cantidad de energía posible y que el impacto medioambiental sea el mínimo. También usan un método de control de plagas basado en usar insectos que se encarguen de alejar a los perjudiciales para el cultivo, como las mariquitas para combatir el pulgón.

¿Qué será del futuro?

Bien, las cosas que he comentado antes, como ya he dicho, es lo que se plantea ahora, pero no tiene por qué ser la solución definitiva. Sí, lo sé, esto es como hablar con un adivino, que te muestra distintos caminos y allá tú te las apañes, pero es así. Sin embargo, veamos algunas cosas más que podrían ser interesantes en unas cuantas décadas.

Comida sintética

Dije que no iba a hablar de ganadería, pero hay una realidad respecto a esta que está bastante demostrada: su impacto medioambiental debido a su producción industrial es importante. Como he dicho, para que haya un futuro deberemos preocuparnos del medio ambiente aún más de lo que se hace ahora (que, por cierto, es una birria, por mucho que se crea que hay un repunte de lo ecológico). Actualmente, se opta por consumir menos carne o no consumirla (no voy a meterme en el berenjenal ético que supone el consumo de carne, no estamos aquí para eso). Sin embargo, y aunque mucha gente pueda vivir sin alimentos de origen animal, hay otra mucha que no, como niños (durante el desarrollo necesitamos ciertos nutrientes, como el colesterol, que sólo están presentes en alimentos de origen animal), celíacos, diabéticos… En definitiva: gente con dolencias que se lo impiden.

Por todo esto, se ha planteado una opción bastante viable: la comida sintética. Estamos hablando de fabricar carne en un laboratorio a partir de células animales. Sería lo mismo que cualquier filete, solo que sin precisar de un animal vivo y todo lo que ello conlleva. Esto también es una realidad: ya se ha creado la primera hamburguesa sintética a partir de células musculares de vaca. Si tienes curiosidad, en esta entrada de Raquel, en Tintes de Ciencia, podéis saber más sobre la carne sintética.

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Imagen sacada de El Confidencial.

Es un posible futuro, sí, pero no olvidemos que el consumo actual de carne es desmesurado, y esto es indiscutible: comemos más carne de la que necesitamos. Quizá sea un poco absurdo intentar resolver un problema complicándonos la vida (aunque seguiría siendo de gran ayuda contar con esta clase de alimentos sintéticos), cuando se podría solventar con un gran porcentaje de éxito simplemente cambiando nuestro estilo de vida. Pero en fin, es por estas cosas que el cambio climático es un hecho, la humanidad y su sentido común.

Conclusiones

Con todo esto, la única conclusión es que está claro que debemos cambiar nuestra forma de cultivar y de consumir si queremos tener un futuro. Si la historia que tienes pensado escribir es de las que no me gustan, de las pesimistas donde todo se viene abajo, te invito a que te vayas al carajo.

Ejem.

Sólo me queda preguntar: ¿qué opinas de todo esto? ¿Cómo crees que será nuestra alimentación en el futuro? ¿Estás de acuerdo con los planes actuales? ¿Te gustan las berenjenas? Cuéntame.

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Un comentario en “Escribiendo el futuro 1. Alimentación

  1. Honestamente, creo que también habría que trabajar para reducir la natalidad. Porque no importa cuántas bocas humanas seamos capaces de alimentar, les estamos quitando el espacio a todas las demás especies animales del planeta (y vaya que necesitan ese espacio).
    Aparte de eso, hoy leí esta noticia sobre una granja hidropónica en ¡la Antártida!: https://www.sciencealert.com/scientists-have-just-grown-a-salad-in-an-amazing-antarctic-greenhouse

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