Escribiendo el futuro II: Apocalipsis, ¿y ahora qué?

Esto, esperemos, no será nuestro futuro, pero quizá te hayas preguntado alguna vez cómo se alimenta la gente de las historias apocalípticas después de recuperarse de un desastre. ¿Qué ocurre después de que el personaje del héroe salve a lo que queda de humanidad?

El suelo

Esto ya lo ha mencionado en la entrada anterior sobre la alimentación del futuro: la agricultura ecológica en este caso es muy socorrida, porque para llevar a cabo otra clase de agricultura se necesitan recursos que seguramente la gente no tendría a mano, como fitosanitarios, tractores, plásticos… Sin embargo, mucho ojito con esto: no se podría cultivar en cualquier lado. Actualmente están muy de moda los huertos urbanos, una iniciativa muy buena, sí, pero hay que hacerlo con cabeza. Se han dado casos de envenenamiento con plomo y otros metales pesados (sustancias tóxicas, en definitiva) por cultivar en antiguas escombreras. Los suelos de las ciudades están muy contaminados, así que tendrías que asegurarte de que el lugar donde vas a plantar es seguro en ese aspecto.

Hoy en día, para saber si un suelo es apto para el cultivo se recogen muestras de tierra y se analizan en un laboratorio. Haz eso tú tras un desastre donde casi todo ha sido destruido… Entonces, ¿cómo saber si no vas a morir envenenada por metales pesados?

1. Vegetación

Fíjate en qué crece en ese suelo. Si no crece nada abandona: o está muy contaminado, o le faltan nutrientes, no es lo más idóneo para el cultivo (aunque añadiendo abonos igual sí podría ser algo productivo).

Bien, pues crece bastante planta por aquí. Sí, pero ¿qué plantas? Cantidad no es igual a calidad, tienes que fijarte en la biodiversidad. Si crecen sólo un par de especies, suele indicar que ahí falta o sobra algo a lo que sólo esas especies son tolerantes. Mala señal. Si, por el contrario, crece una buena cantidad de diversas especies, es que ese suelo es apto para el cultivo. Simple, ¿no?

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La Festuca rubra es una gramínea que puede crecer en suelos contaminados

2. Textura y granulometría del suelo

Esto sería para algo básico, pero también hay otros métodos complementarios para asegurarnos de que ese suelo no va a tirar por tierra nuestra cosecha (ojo cuidao, el juego de palabras). También podemos fijarnos en el contenido de materia orgánica, es decir, si hay mucha hojarasca y humus. Estos suelos son oscuros, cuando más oscuro mejor, de hecho. Si es muy claro, muy bueno no es.

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La hojarasca de los bosques se convierte en un humus muy rico

Tampoco conviene que sea muy arenoso, pues el agua se filtrará rápidamente y no quedará retenida cerca de las ráices de las plantas que cultivemos. Si es muy arcilloso, por el contrario, el suelo se puede encharcar, pudriendo las raíces. Hay más factores, pero la cosa está en buscar algo intermedio: que no esté muy suelto, pero tampoco muy arcilloso. Con la práctica se iría viendo, tampoco sería el fin del mundo (otra vez, badumtss) que nos equivocáramos un poco en esto.

3. Microorganismos

Otra forma de saber si nuestro suelo es apto para el cultivo es gracias a su microcosmos. Hay multitud de bichitos microscópicos viviendo en él, desde bacterias hasta hongos. A pesar de que no contaríamos con instrumental especializado, hay una manera de saber si los microorganismos que crecen en el suelo se van a cargar nuestras plantitas.

Para ello, se coge una botella normal de plástico, se corta por la mitad para tener como un vaso grande, se coloca arroz medio cocido en el fondo (unos tres dedos de espesor) y se tapa con un trapo permeable y una cuerda o un alambre para que se no se suelte. Después, se entierra, dejando por encima unos cinco centímetros de tierra. Parecerá una tontería, pero así los microorganismos pasarán por el trozo de tela y llegarán al arroz. ¡Ñam, ñam! ¡Comida! Los microorganismos crecerán y, al cabo de unas pocas semanas (alrededor de un mes, quizá menos), se desentierra y se observa el color de lo que haya crecido en el arroz. Si es blanco, es buenísimo para el cultivo. Si es verde, aunque no sea tan bueno, también es apto. Si es rojo olvídate: lo más probable es que esté infectado de Alternaria o vete tú a saber qué. Son patógenos para las plantas, te quedarías sin cultivo.

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Alternaria sp., es un hongo patógeno

Las semillas

Maldita humanidad, mira que esperar que todo el mundo tenga una reserva de semillas en casa por los por si acasos… No, quizá no tengamos eso, pero sí tenemos bancos de germoplasma.

Actualmente, hay una gran preocupación por preservar la gran biodiversidad vegetal, que tiene la manía de ir desapareciendo a causa de razones inexplicables (ejem, humanos, ejem). Así pues, por todo el mundo se han ido creando estos bancos, que son nada más y nada menos que almacenes de todas las semillas habidas y por haber. Aquí también entran, por supuesto, las semillas de especies aptas para el consumo humano. ¡Y de múltiples variedades!

Así pues, si te encontraras sola en el mundo y necesitaras semillas en buen estado, lo mejor sería buscar uno de estos bancos. Pero ¿dónde? Bueno, en muchas facultades de materias agrónomas o de asuntos existen estos bancos, aunque a pequeña escala. Mira, aquí una lista de todos los bancos de germoplasma en España.

Sin embargo, las semillas se conservan en ambientes muy controlados en cuanto a temperatura y humedad. Por tanto, si hubiera un desastre que nos dejara sin electricidad, al final estas condiciones no podrían conservarse y muchas semillas podrían echarse a perder. No serían demasiadas, sobre todo si es a corto plazo (entre uno y cinco años), por lo que seguramente germinarían si se sembraran. Estos bancos están pensados para conservar las semillas durante siglos. No obstante, existen ciertas instalaciones creadas para exactamente lo que nos ha traído aquí: el apocalipsis.

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Una forma de almacenar las semillas

El Banco Global de Semillas de Svalbard, en Spitsbergen, una isla noruega, es el banco de germoplasma más grande y seguro del mundo. También se le conoce como “Bóveda del fin del mundo”, tú me dirás. Te copio y pego de mi amiga la Wikipedia el por qué es el sitio idóneo para este fin:

La bóveda es impermeable a la actividad volcánica, los terremotos, la radiación y la crecida del nivel del mar, y en caso de fallo eléctrico, el permafrost (capa de hielo permanentemente congelada) del exterior actuará como refrigerante natural.

La ubicación a 130 metros (430 pies) sobre el nivel del mar asegurará que el suelo esté seco, incluso si aumenta el nivel del mar por derretimiento de los hielos polares.

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Aquí la entrada a la tal bóveda

Así que, bueno, ya sabes. Si quieres que tu población arregle el mundo, debería buscar este lugar tan bien comunicado. A por una barquita, majos.

El cultivo

Bien, una vez que tenemos el sitio y una buena provisión de semillas, toca decidir qué narices plantar. Puede parecer fácil, pero no lo es en absoluto. Estamos hablando de conocer qué cantidad y qué nutrientes necesita nuestra población para sobrevivir. Lo lógico es pensar que cultives lo máximo que puedas por si acaso y ya está. Sí, pero ¿cuánto es eso? ¿Vas a plantar kilómetros de maíz para asegurarte de que no pasas hambre? Atención a esto.

Una persona necesita de media unos 500 m² de terreno para cultivar las hortalizas, cereales y legumbres que le harán falta durante un año. Puede parecer poco, pero piénsalo. Para alimentar a 50 personas ya necesitarías el equivalente a un campo de fútbol. Sin embargo, todo esto es suponiendo que sólo dispongas de estos alimentos para sobrevivir, si añadimos caza y recolección de plantas silvestres, esto se vería bastante reducido. Sí, hay multitud de plantas silvestres que podemos consumir, desde ajos y acelgas hasta alfalfa, guisantes… Si vas a escribir una historia de estas y quieres incluir información sobre alimentación, haz que tu personaje tenga una buena guía de plantas silvestres o alguien que sepa de estos temas. Por cierto, hay algunas de estas plantas que pueden confundirse con otras que, casualmente, son venenosas. Sólo aviso.

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Ajo silvestre. Fuente: Permacultivo

Volviendo al tema de qué plantar: los cálculos de las calorías, proteínas y vitaminas son un auténtico infierno. No obstante, el ser omnívoros nos salva el culo, ya que los alimentos de origen animal nos cubren bastante parte de nuestra dieta. Estoy hablando de un apocalipsis, a ver, no me voy a meter ahora en temas veganos, pero es lo que hay. Oye, si tuvieras un nutricionista contigo esto no sería mucho problema, pero así resumidito(*):

-57% carbohidratos. Aquí tenemos a los cereales, los tubérculos, las legumbres también tienen bastantes. Esto significa que la mayor parte de nuestro cultivo no van a ser hortalizas: ni berenjenas ni calabacines, ¡ni alcachofas! No, lo primerísimo es centrarse en tener un buen cultivo de gramíneas (cereales), como la mitad del terreno. Es la base de todo, porque además, todo lo que no sea grano se podrá usar luego como compost. El cereal más productivo por lo general es el trigo, así que nada de hacerse el bohemio con el centeno, ¿eh? Pon a tu gente a cultivar trigo, quizá maíz también, pero en menor cantidad. También patatas. Las patatas son el bien, ¿no has visto Marte? Fuera bromas: son fáciles de cultivar y aportan una gran cantidad de calorías. ¡Vivan las patatas!

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¡Comed trigo, insensatos!

-25% grasas. Hombre, si tuvieran un campo de olivos sería una maravilla, porque el aceite de oliva es como el elixir sagrado de la dieta mediterránea. ¿Exagero? Puede, pero lo que sí es verdad es que es muy bueno para la salud (si no te tomas dos litros al día, seamos coherentes), aunque se pueden tomar las aceitunas directamente (saben muy fuertes, cuidadín). También tenemos algo que a los millenials dicen que nos gustan mucho: los aguacates, que son ricos en grasas. O los frutos secos, claro. Sin embargo, todo esto sería a largo plazo, tendrían que pasar años hasta tener algo productivo, puesto que estamos hablando de árboles frutales. Hombre, si ya estaban ahí, mejor que mejor, pero si no, una buena alternativa es la soja, que es un cultivo anual. Además, al ser una legumbre, nos va a venir bien para el siguiente apartado.

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Soja con sus vainas y su todo

-15% proteínas. Esto es fácil, mucha gente lo sabe: cereales + legumbres = todas las proteínas que necesitamos en nuestra dieta. Así que ya sabes, la mitad del terreno cereales y un cuarto más o menos de legumbres. Aquí podemos meter la soja, sí, pero vendría bien algo de variedad, puesto que así obtendríamos distintos minerales y vitaminas. Ten en cuenta de elegir plantas autóctonas, porque precisarán menos riego y será menos lío. Así que lentejas, garbanzos, venid a mí (en España, claro).

-3% fibra. Bueno, si aprovechamos las cáscaras de los cereales y de las legumbres, es decir, nos los comemos integrales, esto no tendrá que ser un problema. A mover bien esos intestinos.

(*)Fuente de las proporciones: https://www2.uned.es/pea-nutricion-y-dietetica-I/guia/guia_nutricion/la_dieta_equilibrada.htm

Así pues, nos quedaría complementar todo esto con las vitaminas y minerales que nos aportan las frutas y hortalizas, para lo que usaremos el resto de nuestro terreno. Estamos hablando de una planificación básica de supervivencia a largo plazo, no de algo definitivo, esto que quede claro. La alimentación es demasiado compleja, y por eso creo que ya hemos tenido suficiente por hoy.

Una cosilla… La recolección. Normalmente, sobre todo para cereales y legumbres, se precisa maquinaria. Aquí no tendríamos, así que la cosecha sería manual, un auténtico infierno. Sólo te lo aclaro, no es para darte soluciones… ¡A darle a la hoz!

Espero que os haya servido, aunque sólo sea para saciar vuestra curiosidad. ¡Gracias por leerme!

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